Reseña #120: Vindolanda ; 9/10
Hacía tiempo que me apetecía retomar un poquito el género histórico. Tengo muchísimos libros para leer, debería contar el número de pendientes la verdad, pero la mayoría son o de ciencia ficción, o de fantasía. Así que nunca viene mal cambiar un poquito de estilo para no abrumar al personal. Además, sabéis que al ser historiadora esto me puede, más cuando encuentro a un buen escritor. Sé que en redes no triunfan demasiado este tipo de novelas, pero creo que en la variedad está el gusto, así que iré cambiando de un género a otro para no cansaros, ni cansarme, demasiado. ¡Gracias por leer la entrada! Disfrutad.
Autor: Adrian Goldsworthy
Editorial: Ediciones Pàmies
Año de publicación: 2017
Año de la presente edición: joctubre 2018
Título original: Vindolanda
Traductor: Pedro Santamaría
ISBN: 978-84-16970-90-2
Género: Histórica (Antigua Roma)
Pertenece a: Vindolanda (#1)
Precuela:
Secuela: Hibernia (Vindolanda #2)
Resumen
Año 98 d.C.
El britano Flavio Ferox es un centurión regionarius a cargo de un pequeño territorio situado en la frontera más septentrional del Imperio romano. El poder de Roma empieza a debilitarse, y la resistencia de las tribus locales cada vez es más fuerte. Se habla incluso de la existencia de un gran rey en el Norte que está sublevando a las tribus, de poderosos druidas y de cruentos asesinatos rituales. Pero todo ello es ignorado por los superiores de Ferox, que piensan que son habladurías y que los informes del centurión no tienen sentido.
Mientras tanto, el emperador Trajano nombra a un nuevo gobernador para Britania, Neratio Marcelo, pero este se retrasa y no termina de llegar a la provincia. Y el tiempo apremia… Todo apunta a que se producirá una confrontación titánica, y el futuro de toda Britania y, por extensión, del Imperio, pende de un hilo.
Opinión personal
A lo mejor muchos de vosotros conocéis a Adrian Goldsworthy como el autor de dos trilogías sobre Flavio Ferox, por escribir novelas históricas, pero para mí este hombre es el señor que me ayudó a aprobar la asignatura de Historia de Roma Imperial de cuarto de carrera. Me he leído dos veces uno de sus manuales, concretamente el de La Caída del Imperio Romano, y os aseguro que se lee mejor que muchas novelas históricas. Así que cuando supe que este pedazo de historiador iba a sacar novelas, obviamente tenía que comprobar qué tan bien escribía. Y ha cumplido mis expectativas CON CRECES.
Da gusto leer historias bien construidas, con una base bien documentada y cimentada en fuentes reales. Y aunque te inventes la mitad de la novela, mientras tenga ese “tinte” de realidad, para mí será una buena novela histórica. No como otros autores (ejem, S. P.), que se inventan los datos, confunden épocas o escriben auténticas tonterías alejadas de la realidad, y lo único que consiguen es crear historias de fantasía que hacen que la gente crea que eso pasó de verdad. No, señores: en el Coliseo no hubo tiburones. Por mucho que te creas capaz de crear una buena historia, si la basas en la realidad, debes recurrir a historiadores o a fuentes históricas para no soltar estupideces y quedar como un idiota.
Y sí, es posible crear una buena historia, entretenida y muy fácil de leer, con datos históricos reales y una base científica detrás. Pedro Santamaría lo hace y Adrian Goldsworthy, por supuesto, también. Así que este señor acaba de entrar directamente en mi top de escritores de este género.
Aunque normalmente empiezo por otra parte, en esta ocasión quiero hablar del argumento, que es lo primero y más importante para mí. Es tremendamente interesante, porque mezcla a la perfección momentos de intriga con algo de romance, escenas de acción y batallas bien narradas. Creo que lo tiene absolutamente todo y que no dejará a nadie indiferente. Desde la primera página ya te ha enganchado y consigues devorar cada capítulo, a pesar de que es una novela intensa y con mucha información. La historia de Flavio Ferox, los conflictos sociales entre diferentes rangos del ejército, la soberbia romana frente a la prudencia del britano, los personajes tan profundos, las escenas de lucha, los enfrentamientos, la tensión… Son demasiadas cosas buenas las que tiene esta historia y, de contároslas todas, os la destriparía sin miramientos. Pero sabéis que mis reseñas están libres de spoilers, así que no os preocupéis: solo os diré que debéis leer esta novela si os gusta el género.
Ayer nos enfrentamos como enemigos, hablemos ahora como amigos. Vengo ahora porque luchaste como un hombre, y puedo confiar en ti como corresponde a dos valientes guerreros.
Y qué decir del protagonista. Obviamente hay otros personajes increíbles: Vindex me encanta, me cae estupendamente, y Sulpicia Lepidina es genial. Pero quien destaca por encima de los demás, y por mucho, es nuestro querido Flavio Ferox. Es verdad que, al principio de la novela, le cogí un poquito de manía por cómo se comportaba, pero es que su evolución ha llegado a la perfección absoluta. Es un personaje al que le tengo tal cariño que, como le pase algo, voy a ir a buscar al señor Goldsworthy. No es el protagonista típico: tiene sus luces y sus sombras, es muy humano y complejo, y mantiene sus valores y principios hasta el final. No creí que fuera a enamorarme de él, pero, sin duda, si hay más libros sobre él (que los hay, ya los he bicheado), me los leeré todos. Necesito saber más.
A todo esto hay que sumarle, por supuesto, la ambientación de la historia. La construcción de los escenarios me parece minuciosa, precisa y perfecta. El autor conoce muy bien los espacios que está describiendo, se ha molestado muchísimo en traer a la actualidad campamentos romanos que a día de hoy están totalmente desaparecidos e incluso en crear otros nuevos que parezcan reales. Cada escena está detallada y tu mente reconstruye a la perfección cada lugar que Goldsworthy describe. Es increíble lo bien que se pueden construir los escenarios al mismo tiempo que se crea una novela dinámica. Porque no, señores: por mucho detalle que tenga, en ningún momento se hace aburrida o pesada. Mezcla de manera increíble la minuciosidad con la acción.
La pérdida es una cosa terrible, y, sin embargo, los dioses parecen haberla colocado en el centro de nuestras vidas. Pocas cosas salen como esperas que salgan. Perder sueños y perder la esperanza es casi tan triste como perder a tus seres queridos.
También quiero añadir como punto positivo la inclusión de términos en latín. Creo que muchos autores tienen miedo de usar los nombres reales de las formaciones, de las tropas, etc., y considero que una buena novela ambientada en la Antigua Roma debería llevar consigo los nombres latinos de las cosas. Eso sí, he echado de menos un glosario donde se expliquen mejor, ya que la cantidad es grande y, si no sabes un poquito sobre el ejército romano, puedes liarte. Pero tampoco es cien por cien necesario, porque el autor lo explica muy bien.
Para terminar, quiero resaltar los capítulos finales, más o menos los últimos cinco. Han sido una auténtica locura: súper intensos, fáciles de leer, sorprendentes y adictivos. He estado pegada a las páginas y cada vez leía más rápido, queriendo saber qué iba a pasar a continuación. Y es que el final es abierto y me deja muchas cosas sin resolver, que, si no, habría sido un 10. Ahora, para mi desgracia, voy a tener que comprarme el resto de la trilogía y la siguiente. ¡QUÉ PENA!
Me duele sacarle faltas a este libro, pero es cierto que ha tenido algún que otro fallito que ha impedido que llegue al 10, aunque he de decir que se lo merecía. Para empezar, quiero quejarme de que a veces escribe de manera redundante. Sí, hay alguna que otra página en la que me describe a un britano con cinco maneras diferentes de decir “alto”. Señor Goldsworthy, ¡ya sé que ese señor es alto! No hace falta que me digas que es colosal, enorme, alto, esbelto, grande y gigantesco. Creo que queda claro con una vez.
El Caballo promete un gran y terrible sacrificio y aún promete más, pues dice que las almas de los guerreros muertos vendrán al mundo a luchar junto a quien le siga, que los hombres juren hacer su voluntad no podrán ser heridos por arma alguna. Promete sangre y fuego. Promete guerra, y creo que está dispuesto a empezarla y que confía en que yo me una a él.
Y este fallo se suma, en ocasiones, a escenas demasiado rápidas, en las que las acciones se suceden de forma tan seguida que a veces sentía que todo era demasiado caótico. Es verdad que nunca llegaba a perder el hilo del todo, pero ¡buf! Costaba seguirle el ritmo.
Vindolanda es una novela histórica muy potente, absorbente y tremendamente bien construida, que destaca por su argumento, sus personajes y una ambientación cuidada al milímetro. Flavio Ferox es un protagonista increíble, con muchos matices y humano, rodeado de secundarios que aportan mucha profundidad y riqueza a la historia. La trama consigue mantenerte enganchado hasta el final y, a pesar de la enorme cantidad de información que hay, no se hace pesada ni pierdes el ritmo. A pesar de los fallos puntuales, que por suerte son poquitos y para nada importantes, se disfruta muchísimo. Es una lectura más que recomendable para los amantes del género (e incluso para los valientes que quieren meterse con él), especialmente para quienes disfrutan de la Antigua Roma como yo. Desde luego, voy a seguir leyendo su trilogía.









