R. J. DISTRICT TEN -P. 7-
La habitación se encontraba sumida en el más absoluto silencio, después de que Jonathan hubiera entrado y nos hubiéramos abrazado, ambos nos quedamos callados, pensativos, cada uno a un lado del largo sofá de piel en el que nos encontrábamos. El chico seguramente estuviera reflexionando sobre los acontecimiento, o incluso trazando un plan. Por mi parte, mantenía la cabeza despejada. Estaba demasiado ocupada contemplando la belleza que se observaba tras la gran ventana. Los característicos sonidos de nuestro distrito habían sido dejados atrás hacía varias horas, los mugidos habían desaparecido, el balar de las ovejas ya no eran audibles y los cencerros estaban silenciados.
El paisaje se había vuelto monótono pero, por fin, los primeros campos de cultivo comenzaron a divisarse. El Distrito Once era uno de los distritos más pobres, junto al Doce y el Diez. Su industria es la agricultura, fundamentalmente, pero también creaban huertos, plantaban árboles frutales y realizaban cultivos de algodón. Sin embargo, mucho de lo que es sembrado seguramente fuera enviado al Capitolio y, al igual que en nuestro distrito, la seguridad para que se cumplan los envíos eran muy estricta. A medida que nos acercábamos, se podían observar las altas alambradas y las torres de vigilancia en dónde se encontraban los Agentes de la Paz.
