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Ilusionist Rose - Cap. 7 -

El frío había calado en sus huesos y tiritaba hasta que se quedó inconsciente. Aquel desconocido que la había salvado de los hombres, que ahora se hallaban flotando sin vida en la superficie del lago, cargaba con ella en brazos por un camino de tierra en dirección a un gran todoterreno último modelo de alguna lujosa marca. Abrió la puerta de los asientos traseros y dejó a Ellie echada en ellos. Cogió una manta y la cubrió con ella, como si hubiera previsto lo que iba a pasar. Cerró la puerta y volvió a la orilla del lago, recogió la mochila mojada, el palo de billar y al anaranjado gato que se dedicaba a arañar la tela de la mochila. Volvió al coche, lo metió todo en el maletero, gato inclusive, y se puso al volante para arrancar el motor y conducir a través de un camino de tierra que se internaba en el bosque. Tras recorrer el sendero, llegaron a una enorme casa que se alzaba ante el vehículo. El edificio era muy moderno, las paredes exteriores eran blancas y lisas, la estructura era cuadrada y con grandes ventanales que no tenían ni un ápice de suciedad en ellos.
El muchacho aparcó el coche en el garaje y apagó el motor, sacó las pertenencias de Ellie del maletero y las llevó a una habitación de invitados, también dejó al felino corretear por la casa. Volvió al vehículo para recoger a la chica y la llevó a la misma habitación.
-Alfa. -Dijo con una voz ligeramente grave, pero suave y un tono tranquilo pero autoritario.- Ocúpate de ella. -Dicho eso, salió de la habitación dejando a Ellie al cuidado de un androide con facciones humanas en un rostro metálico, que aceptó la orden sin transmitir ningún tipo de sentimiento.

El frío ya había desaparecido por completo de su cuerpo y en su lugar, tenía un agradable calor debido a la ropa seca y a las suaves mantas con las que el androide la había arropado.
Ellie se pasó una mano por el rostro antes de abrir los ojos y observar la habitación donde se encontraba. Retiró las mantas y se intentó incorporar, pero al hacerlo, un intenso dolor en el costado y un fuerte mareo la hicieron recostarse antes de sentarse. Al segundo intento, alzó la vista y observó el rostro del androide que había aparecido junto a su cama sin que ella se hubiera dado cuenta. El robot extendía una de sus metálicas manos hacia ella, pero Ellie se había quedado paralizada del susto y de la impresión que le daba ver a un robot que se movía por sí mismo.
Tras un par de minutos observándole, cogió su mano con desconfianza y el androide la alzó con cuidado y la posó en el suelo para después quedarse congelado junto a ella.
Ellie se apartó y se dirigió al gran espejo de cuerpo entero que había en la estancia, comprobó como su piel estaba limpia y con los arañazos cubiertos por pequeñas tiritas blancas. La ropa le quedaba grande, se trataba de un pantalón de pijama de hombre de color azul oscuro que habían ajustado a su pequeña cintura con los cordones, además, vestía una camiseta blanca de manga corta en la que cabía, perfectamente, otra chica de la misma constitución que ella. Levantó la tela y observó el vendaje que había alrededor de su vientre, giró la cabeza y vio también la herida tratada, limpiada y cosida que tenía en la cabeza.
Cuando dejó de observar sus heridas y de comprobar que el androide se mantenía estático, salió de la habitación descalza, dispuesta a recorrer la casa.
El interior era moderno y minimalista con los muebles meticulosamente colocados. Los suelos brillaban de lo limpios que estaban y las grandes ventanas dejaban entrar la claridad al hogar. Se paseó por el salón, el cual estaba amueblado con sillones alargados alrededor de una mesita de café de cristal y frente a un gran televisor anclado a la pared. Trataba de no hacer ruido cuando el gato saltó sobre ella y comenzó a maullar. La chica lo cogió en brazos y lo acarició.
-Ellianne Rose. -Se giró al escuchar su nombre completo emitido por una voz suave, no muy grave, pero imponente. Sus ojos se encontraron con una mirada dura y penetrante de color plata. El muchacho, que estaba apoyado en el umbral de la puerta de lo que se suponía que era una gran biblioteca por la cantidad de estanterías que podía ver ahora que la puerta estaba abierta, era muy alto, de complexión delgada con una piel blanca sin muchas imperfecciones y vestía una camisa blanca que dejaba ver su clavícula, unos pantalones negros y portaba un libro. Sus facciones eran duras, acentuadas por la seriedad que transmitía. Su cabello no era muy largo, no llegaba a cubrir su nuca, pero unos pocos mechones trataban de ocultar sus ojos, su pelo era de un color rojo muy intenso, como si fuera fuego. Además, Ellie se fijó en el extraño tatuaje de tinta azul que recorría la parte izquierda del rostro, bajaba por su cuello y desaparecía bajo su camisa.
La chica dejó caer al gato y dio un paso hacia él. Sus ojos se abrieron y brillaron.
-Eres tú, el niño de la foto... -Esbozó una leve sonrisa.- G-Host.
-El mismo. -Sacó la fotografía del libro, el cual era el que había llevado Ellie aquellos días, y la observó.
-Entonces sabes por qué estoy aquí. -G-Host asintió.
-Pero no voy a ayudarte.
-¿Por qué? -La expresión de Ellie cambió en un instante. Su rostro mezclaba confusión y desconcierto. Había hecho un largo camino, había perdido a Steve, Kevin fue capturado y Jessica se sacrificó por ella sólo para encontrarle. Debía ayudarla.- ¿Por qué no quieres ayudarme? -Exigió saber, alzando la voz sin darse cuenta. G-Host, sin embargo, siguió calmado.
-Porque no es un problema que me atañe a mí. -Aquella frase fue como un mazazo en su pecho. Se quedó sin respiración un momento, analizando lo dicho. Acto seguido, frunció el ceño y sus mejillas se enrojecieron levemente.
-¿Qué no te atañe? ¿¡Qué no!? ¡Son tus amigos! -Explotó, dando un fuerte pisotón en el suelo.- ¿¡Vas a dejarles tirados en manos de esa gente!?
-Sí. -Contestó sin más. Dejó el libro sobre una mesilla y observó la foto unos segundos.
-Eres un... ¡miserable! ¿¡Qué clase de capullo deja tirados a sus amigos!? -G-Host alzó aquella mirada plateada que hacía congelar la sangre. Observó el rostro de la chica, estudiando su expresión y soltó la foto.
-Uno que está cansado de salvar el culo a un sinvergüenza bastante problemático.
-¿De qué estás hablando? -Preguntó, tratando de no gritarle de nuevo. El chico se echó a reír.
-¡Es verdad! No tienes ni puta idea de la vida de tu novio. -Le dio la espalda y metió las manos en los bolsillos.- Te daré un consejo, si quieres acabar de una vez con esto, sal de aquí y deja que te cojan. Terminará antes de lo que te imaginas... para todos. -Se dispuso a abandonar la estancia, pero Ellie, llena de rabia, fue detrás suyo, le giró bruscamente y le propinó un bofetón, haciendo que el chico se quedase sorprendido.
-¡Gilipollas! ¡Steve confiaba en ti! Por eso me mandó a buscarte, ¿y ahora le das la espalda? ¡No eres más que un imbécil! Nadie debería confiar en ti, dejar tirados a tus amigos demuestra la clase de persona que eres. -Apretó los puños con fuerza. G-Host se acarició la mejilla enrojecida, la marca azul que le recorría el rostro y el cuello comenzó a brillar, una luz azulada bastante intensa. Frunció el ceño y la miró fríamente a los ojos. Dio un paso en su dirección y la agarró del cuello de la camisa. Caminó rápidamente y estampó su espalda contra la pared, haciendo que la chica soltase un quejido de dolor.
-¡No sabes nada! -Gritó, dejando a un lado la calma y serenidad que había presentado anteriormente.- ¡No entiendes una puta mierda de lo que está pasando! ¿Te has parado a pensar por qué te persiguen? ¿Por qué cogieron a Steve y a los demás? ¡No! ¡Eres una cría que está centrada en su mundo de fantasía donde cree tener al mejor marido del mundo! Pues, ¿sabes qué? -Soltó su camisa y la agarró del cuello, dejándola sin aire.- Tu vida es una mentira, Steve es un mentiroso y tú, su putita de turno.
Ellie golpeaba la mano del chico con fuerza y trataba de separarle de ella, pero su cuerpo estaba tan pegado al suyo que moverse era imposible. Poco a poco le faltaba la respiración, le dolían los pulmones y en su cabeza había una fuerte palpitación.
De pronto, G-Host se separó de ella bruscamente y Steve, que había aparecido de pronto, lo empujó. Sus ojos brillaban de rabia. Ambos muchachos se encararon mientras Ellie estaba apoyada contra la pared, tosiendo y boqueando para recuperar el aliento, llevándose una mano al costado vendado.
-No vuelvas a tocarla si no quieres que te mate. -Dijo Steve, iracundo.
-¿Qué piensas hacerme, Rose? Ahora mismo no eres más que una ilusión y sabes perfectamente que tus truquitos no son efectivos conmigo.
-No me hace falta un cuerpo físico para pegarte una paliza.
-Inténtalo si tienes lo que hay que tener. -Steve cerró el puño derecho e hizo el amago de pegarle.
-Steve. -Interrumpió Ellie. Su chico relajó los hombros y se volvió hacia ella. Se puso a su lado y le acarició el rostro delicadamente mientras le examinaba en busca de magulladuras o heridas.
-¿Cuándo piensas tener lo que hay que tener, Rose? -Steve soltó un gruñido de advertencia.- ¿Cuándo vas a tener los huevos de contarle la verdad? Porque estoy harto de tus mentiras, de tu frivolidad, de tus impulsos. Estoy harto de ti.
-Cállate.
-¡No! -Exclamó G-Host.- Llevo mucho tiempo sacándote las castañas del fuego pero esto ha sido la gota colma el vaso. Me mandas a tu puta aquí, ha exigir mi ayuda, para salvarte el culo. Pues no me da la gana. Ya la has cagado bastantes veces y estoy cansado de advertirte, Rose, de advertirte y ver como no me haces caso, y para colmo, consigues que Kevin y Jessica se metan en tus líos.- Ellie le miraba desconcertada y en silencio mientras notaba como el cuerpo de Steve, a pesar de ser una ilusión, estaba en tensión ante sus palabras.- Madura de una vez y ten dos dedos de frente.
-No cuestionaste mi juicio cuando os saqué de allí. -Dijo el ilusionista a media voz, apretando los dientes.
-Fue tu única hazaña juiciosa, a partir de ahí, diste rienda suelta a tu irresponsabilidad, a tu estupidez, a tu frivolidad, a tu caprichosidad... Nos vimos involucrados, unos más que otros. -Ellie dirigió la mirada hacia su marido, quién cerraba los ojos con fuerza. La chica estaba desconcertada.- ¡Oh! ¿No lo sabes? Steve tuvo en sus manos el corazón de Jessica y él lo machacó, utilizó y rompió en mil pedazos. Por poco se suicida por tu culpa.
-Cierra la puta boca, Iris.
-Hay muchas cosas que no sabes de tu querido marido, tu vida es una puta mentira. ¿Te has parado a pensar por qué no te ha hablado de nosotros? ¿Por qué te incitó a marcharte de casa? ¿Por qué parecía que le veías por todas partes? Evitar que te violaran aquella noche después del cumpleaños de tu amiga Lauren fue muy heroico, ¿no? Pero le quita todo el encanto saber que te llevaba espiando y siguiendo desde hacía semanas, eras su presa, su juguete y se cansará de ti, como hizo con Jessica.
-¡Basta! -Gritó Steve, alzó la mirada hacia el oráculo con auténtico odio en ella. Tenía apretada la mandíbula  y los puños, y respiraba con fuerza. Ellie se apartó de él un paso. ¿Por qué Steve no desmentía sus palabras? ¿Por qué daba la impresión que era cierto? El chico se volvió hacia ella y se le cayó el alma a los pies al ver sus ojos llorosos, el dolor reflejado en ellos le partió el corazón. Se puso recto y le tendió la mano pero ella dio otro paso hacia atrás. Se llevó la mano derecha a su anillo de compromiso y alternó la mirada entre ambos muchachos para después, salir corriendo hacia su cuarto y cerrar la puerta de un portazo, dejando fuera incluso a su querido gato.
Steve la siguió con la mirada pues no le dio tiempo a moverse, se pasó una mano por el rostro y se giró hacia G-Host, quién ya no tenía el rostro enrojecido y, de nuevo, se envolvía en un aura de serenidad.
-Eres un cerdo.
-Estás probando un poco de tu propia medicina, pero la diferencia es que lo que yo digo es cierto.
-No pienso perderla por tu culpa. -Le miró con rabia.
-Yo no seré quién os separe, Steve, pero tus mentiras han llegado muy lejos. Algún día averiguará quién es. -Respiró hondo.- Elegirla a ella como esposa fue muy irresponsable y problemático por tu parte, sabías las consecuencias y aún así no te importó. Ahora estás recibiendo lo que te mereces, puedes llamarlo justicia, puedes llamarlo karma, pero tus acciones están pasando factura ahora.
-Me arrepentiré de esto pero... -Suspiró, exasperado. Se miró las manos, traslúcidas por la falta de fuerza para mantener la ilusión activa.- Necesito tu ayuda.
-No. -Cortó G-Host- Eres tan egocéntrico que no puedes mirar más allá de tu preciado mundo. Kevin, Jessica y Ellie necesitan mi ayuda, deberías ser tu quién lo sacaras del lío en el que les has metido, pero no puedo confiar en ti. Eres un inútil. -Alzó la mano y le apuntó con el dedo índice.- Esta será la última vez que te saque las castañas del fuego, Rose, lo haré por ellos, no por ti. No te debo nada y no haré nada por salvarte, que ellos decidan una vez resuelto el problema. -El chico se giró, cogió la foto que había dejado en la mesilla y se dirigió a su estudio.
-Gracias. -Susurró Steve, esbozando una sonrisa, antes de desaparecer por completo.
G-Host cerró la puerta del estudio cuando entró y tomó asiento en la butaca tras el escritorio. Dejó la foto sobre la mesa de cristal y echó la cabeza hacia atrás. Cerró los ojos, tratando de relajarse y de olvidar la fuerte discusión que habían mantenido.
Ser un oráculo, visionar el futuro, no siempre era bueno, pero él hacía bien su tarea. ¿Qué hacer cuando nadie prestaba atención a sus advertencias? Él lo había intentado todo, cuidaba de todos pero nadie le hacía caso, y mucho menos Steve. Soltó un suspiro. Deseaba que Rose pagara por sus acciones pero no si Jessica y Kevin andaban de por medio. Nunca perdería a sus amigos... Lo eran todo para él.

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