Creo que Junio se ha convertido en el mes menos favorito. Entre el final de curso, la puñetera burocracia que tenemos que hacer, las reclamaciones, el calor asfixiante de las aulas... Es una auténtica locura este mes, creo que no compensa absolutamente nada el descanso que pueda tener después. Y esperemos que Julio esté libre, porque sino... me puedo tirar por un puente. El cansancio es tan real que me duele a diario la cabeza. Tengo que hacer tantas cosas para el blog y el instagram que no sé si me dará tiempo antes de marcharme.
Quiero agradecer a Ediciones Labnar que me haya enviado el ejemplar y el marcapáginas. Gracias por confiar en mí, en mi trabajo y en mi criterio
¡ATENCIÓN! Esta entrada está libre de spoilers de Ylandra: Tiempo de Destrucción, PERO puede tener información relevante de las novelas anteriores
Título: Ylandra: Tiempo de Destrucción
Autor: Roberto Navarro Montes
Páginas: 674 páginas
Editorial: Ediciones Labnar
Año de publicación: 2023
Año de la presente edición: junio 2025
Título original:
Traductor:
ISBN: 978-84-163-6670-5
Género: Novela juvenil. Fantasía. Realismo mágico
Pertenece a: Saga"Ylandra" (#4)
Precuela: Ylandra: Tiempo de Revolución 👉 Reseña
Secuela: Ylandra: Tiempo de Condena
Resumen
En un mundo marcado por las cicatrices de la revolución, la República cierra las puertas a toda negociación y a cualquier atisbo de paz. El puño de hierro del presidente Deian Wellington se alza implacable sobre La Escuela, desatando una furia incontenible que silencia cualquier oposición.
En Viendavales, los maestros de Astra, ahora libres pero sedientos de venganza, se congregan al amparo de Siara Roscharch. Bajo su estandarte, un ejército de agraviados comienza a formarse con el apoyo de viejas amistades.
Con la Orden de Addai desvaneciéndose en el recuerdo, una Ylandra dormida se debate entre la rabia que emana de su capital y el espectro de una guerra sin fin. Pocos osan perturbar su letargo, ignorando los susurros de una amenaza que desciende desde el norte. Una sombra colosal, liderada por dioses, se desliza por campos y valles, engullendo a los incautos en la noche eterna de Ellos.
El odio los ciega a todos. La profecía ya domina ciudades. Los ríos bajan rojos.
Lejos de la contienda, en territorios donde la ambición teje su red, las conspiraciones florecen. Nobles y advenedizos sueñan con una república diferente, cuando suenan trompetas y rugen tambores ante el trono de un nuevo monarca.
Mientras, los anirios disfrutan de una libertad recién conquistada, viven una nueva vida, aunque sin saber que lo hacen en tierras malditas, calles condenadas y tiempos de destrucción.
Opinión personal
Los que me seguís desde hace tiempo sabéis que Ediciones Labnar ha colaborado conmigo desde el inicio de la saga de Ylandra. Estoy muy emocionada de ver cómo ha ido evolucionando la historia y cómo lo ha hecho el propio autor. Desde que Roberto me dio la oportunidad, cada vez que tengo un libro de la saga entre las manos me lleno de ilusión y las expectativas se me suben hasta el cielo.
Y esto, por desgracia, muchas veces pasa factura. Las altas expectativas nos pueden jugar una mala pasada, y más cuando le tienes tanto cariño a un universo como este. ¿Quiere decir que me ha decepcionado? No, para nada. Pero también es cierto que me esperaba mucho más. Claro, me malcrían y ahora, pues... soy exigente.
¿Qué os vais a encontrar en esta cuarta entrega? Pues un argumento bien hilado, unos personajes desarrollados de forma excelente y una lectura ligera. Sin embargo, y a pesar del buen sabor de boca que me ha dejado, es verdad que no he terminado de conectar tanto con esta historia como con las anteriores…
Empezamos por el mismo punto de siempre, para qué variar. A lo largo de mis reseñas de Ylandra, siempre he destacado que Roberto Navarro tiene una pluma excelente, y es algo que no dejaré de reivindicar. Su manera de escribir permite avanzar a un ritmo vertiginoso y devorar las páginas; es, sin duda, uno de sus mayores fuertes. El autor utiliza un vocabulario sencillo y directo que, lejos de restar valor a la obra, facilita la inmersión del lector y ayuda a digerir la gran complejidad del entramado político y fantástico de este universo sin que resulte denso. Me gusta hacer especial hincapié en esto porque lo considero fundamental para acoger a nuevos lectores que no estén tan habituados al género. Sé que puedo llegar a sonar repetitiva, pero la accesibilidad en la alta fantasía es un logro loable que merece mencionarse mil veces.
El argumento principal sigue una línea impecable. El autor demuestra una gran habilidad al ir fraguando lentamente lo que promete ser un desenlace épico para la saga. Lo más destacable de la narrativa es cómo se entrelazan los conflictos: lejos de limitarse a una simple guerra de espadas, nos encontramos ante un tablero complejo donde los hilos de los intereses políticos se mezclan de forma orgánica con las profecías y la intervención de los dioses, expandiendo el foco de la historia en todas las direcciones. Dentro de esta trama principal, hay tres puntos clave que merecen especial mención. En primer lugar, la resolución de la liberación de los anirios; ese episodio fue absolutamente magistral y ha sido un acierto ver las repercusiones posteriores, sobre todo el papel que juegan Rommel, Niara y Güido —aunque he de admitir que este último me genera sentimientos encontrados—. El segundo punto es, inevitablemente, la guerra con La Escuela. Esas páginas me pusieron la piel de gallina; fue un tramo de una intensidad, intriga y adicción asombrosas, hasta el punto de que me dolió que terminara. Por último, destaca la trama de Annelyn. A pesar de que no es un personaje santo de mi devoción ni suelo comulgar con sus motivaciones, todo lo que rodea su arco me parece fascinante. Está tan sumamente bien desarrollado que sus capítulos resultan de lo más amenos.
Íntimamente ligado al argumento, el desarrollo de los personajes y sus dinámicas es cada vez más interesante. Las circunstancias extremas a las que se enfrentan los han hecho evolucionar de manera notable. Lo mejor de esta evolución es que no busca ser complaciente con el lector; hay personajes que toman caminos o decisiones que pueden llegar a frustrar o desagradar, pero que resultan completamente coherentes dentro de su psicología y contexto. Un claro ejemplo de esto son mis impresiones respecto a Mara y Güido. En la novela anterior, Mara corría el peligro de convertirse en una especie de Mary Sue, perfecta y capaz de resolverlo todo de forma increíble. Afortunadamente, aquí ha vuelto a humanizarse: tiene sus fallos, sus miedos y sus momentos de debilidad, recuperando el enorme potencial que siempre le he visto. Pero el elenco excelente no se queda ahí; figuras como Sam, Aleyn, Siara o Allyson demuestran el gran nivel de caracterización que maneja el autor.
Para terminar, es de justicia destacar el worldbuilding. El mundo que ha construido Roberto Navarro es fascinante. A pesar de la densidad de su mitología, las profecías y la madurez de sus conflictos políticos, el universo se despliega de una forma tan clara que resulta idóneo para aquellos lectores que se están introduciendo por primera vez en el género de la alta fantasía.
Uno de los aspectos que más llaman la atención —y que puede llegar a desconectar a algunos lectores— es la curiosa transición que sufren los personajes. Lo que me ocurrió específicamente con Mara en la entrega anterior me pasa ahora con Güido: es como si los papeles se hubieran intercambiado por completo entre ellos. Adoraba totalmente a este chico y, sin embargo, en esta novela sus capítulos me han desesperado por completo. Se me han hecho un poco cuesta arriba porque, en esta ocasión, no he logrado conectar con él como lo hacía en los volúmenes anteriores. Aunque todavía le tengo muchísimo cariño y considero que sigue siendo de los mejores personajes de la saga, os prometo que su trama me ha dejado una enorme sensación de frustración.
Por último, la sensación general al cerrar el libro es la de estar ante una historia de transición. Al tener la carga de preparar el terreno para el gran final, la estructura se siente demasiado larga en algunos tramos. Al estirar la trama para acomodar todas las piezas de cara al clímax, el ritmo decae y aparecen momentos y subtramas que no logran atrapar tanto como el eje principal. ¿Significa esto que es un mal libro? ¡Para nada! Pero creo que es un detalle a tener en cuenta de cara al recorrido de la saga. Eso sí, recordad que esta es una opinión totalmente subjetiva, ¡y espero que vuestra experiencia sea completamente distinta!
Ylandra: Tiempo de Destrucción me deja con un sabor de boca agridulce pero, por encima de todo, con muchas ganas de más. Aunque es innegable que el ritmo se resiente debido a su naturaleza transicional y que la evolución de ciertos personajes —como Güido— puede llegar a frustrar, el balance general sigue siendo muy positivo. Roberto Navarro no ha perdido el pulso de su magnífico worldbuilding ni la arrolladora accesibilidad de su pluma, que compensa con creces cualquier contra. Ylandra sigue demostrando ser una saga de fantasía espectacular, madura, y, a la vez, superaccesible para todo el mundo. El terreno ya está preparado y las expectativas para el desenlace están por las nubes. ¡Necesito el siguiente volumen ya!





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