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¡SORTEO! "La Caída de los Reinos" -3 ganadores-

Y.U.R.G.S. -P. 23-

A pesar de todo el ruido que había en aquella taberna, el grito de Asch acalló todas las voces y la presencia de los cuatro herederos no pasó desapercibida para los ojos de todos los mercenarios y ladrones que allí había.
-Vaya, vaya, vaya. Mirad que regalito nos ha traído nuestra pequeña. -Habló un hombre grande, vestido con ropajes sucios y viejos, con dos grandes hachas a la espalda.
-No soy tu amiga -Respondió la niña con total tranquilidad mientras bebía de su jarra.
El hombre ignoró las palabras de la chica y se levantó de su asiento. Su rostro se componía de facciones duras, llevaba el pelo rapado y una gran cicatriz le atravesaba la parte izquierda del rostro.
-Hacía mucho tiempo que la belleza no iluminaba este antro -Se oyó una queja del propietario que estaba tras la  barra y al que nadie hizo caso. Aquel mercenario se fue acercando a la mesa de los príncipes, apoyó las manos sobre la madera y se fue inclinando hacia Shenia- Alegras la vista, el corazón... y otras partes del cuerpo que puedo comentarte en privado -El rostro de Asch se crispó de ira, su ceño se frunció y se levantó rápidamente de su asiento.
Aquel mercenario se echó hacia atrás y se llevó la mano a la nariz, soltando quejas y blasfemias, pues había recibido un puñetazo, pero este no había sido golpeado por Asch, ni por los otros dos muchachos. La princesa estaba de pie, con el rostro sereno pero una mirada dura en sus ojos, mientras se frotaba la mano dolorida.
-No soy una cortesana a la que puedas comprar para que pase la noche contigo, escoria, ni te acerques a mí.

-¡Zorra! Te enseñaré como hablar  a los hombres, sucia perra... -Gruñó con rabia, la princesa le plantó cara pero cuando el hombre fue a agredirla Asch se puso en medio y paró el golpe con su mano sana.

-No te atrevas a levantar la mano contra ella , si no quieres morir.
-¿Qué va a hacerme un tullido como tú? -Dijo despectivamente fulminandole con la mirada.
-Pegarte una paliza -Empujó al hombre hacia atrás y le soltó, con la mano sana, levantó la mesa del extremo y, de una patada, la echó sobre el hombre quien cayó al suelo soltando un gruñido.- Vamos, cerdo, levanta -La princesa se acercó a su prometido y le agarró de la manga.
-Asch, no estás en condiciones de pelear, no teniendo el brazo así, vámonos.
-¡No! Esa escoria ha osado dirigir esas sucias palabras hacia ti y no pienso tolerarlo. ¡Ven aquí! ¡Voy a despellejarte! -Asch trataba de acercarse a él a pesar de que Shenia le empujaba hacia atrás y Amadeus le sujetaba la pierna.
El mercenario se levantó y fue directo hacia él.
-Ven, voy a cortarte esa lengua.
-¡Chicos! -Glaiss se puso entre ellos para mediar y tratar de apaciaguar las cosas- Relajaros, no hace falta montar una pelea, se puede arreglar hablando, tranquilos. ¿No podemos sentarnos a hablar como gente civilizada? -El elfo esbozó una sonrisa que trataba de tranquilizarles a ambos, Asch pareció relajarse pero aquel ladrón no cedió.
-No sigo los consejos de un eunuco santurrón -Escupió a la vez que le apartaba de un manotazo. Glaiss tropezó y Drank le ayudó para que no cayese al suelo. El hombre apartó a Shenia y cuando agarró a Asch de la pechera, el peliblanco se incorporó y rápidamente le propinó tal puñetazo en la que mejilla que lo tumbó en el suelo.
-¿Eunuco? Ya te daré yo a ti eunuco.
Otros dos hombres saltaron sobre el elfo y le derribaron. Asch trataba de soltarse de su prometida mientras vociferaba insultos. Drank agarró a los hombres por la nuca y los levantó, lanzándolos contra una pared. Ayudó a Glaiss a levantarse y ambos se enzarzaron en una pelea con los secuaces de aquel mercenario que se encontraba en el suelo, sangrando por la boca, y recuperándose del golpe en la cabeza producido por la caída.
El nefilim arremetía, con su asombrosa fuerza, a todo aquel que trataba de acercarse a él. Pegó una patada al estómago de un fornido hombre, dio dos puñetazos al rostro de otra para tumbarlo y cogió en volandas al tercero, que se dirigía hacia él, para lanzarlo contra una de las ventanas hacia fuera.
Glaiss peleaba contra dos a puñetazo limpio y esquivaba los golpes con la agilidad y elegancia propia de un elfo. Pegó puñetazo en plena cara a uno, un codazo en la boca del otro y redujo al suelo al primero con una patada en las costillas. El segundo lo cogió por la espalda sin que él pudiera soltarse.
Shenia y Asch observaron a Glaiss. El humano se soltó de la chica, agarró una silla y se acercó al hombre. Con la fuerza que podía tener en el brazo izquierdo, rompió el mueble en la nuca del mercenario. Este soltó al elfo y se giró hacia Asch. Se acercó para pegarle cuando el látigo de Shenia cortó el aire y agarró el brazo del ladrón. El príncipe humano aprovechó y le redujo a patadas mientras su chica le sujetaba.
Mientras los cuatro estaban distraídos peleando, la niña, que seguía bebiendo de su jarra con toda la tranquilidad, estaba sentada ajena a todo. Cuando hubo terminado su bebida, saltó del asiento, cogió su gran arma que estaba apoyada contra la pared y se fue acercando a la revuelta.
Alzó la espada y la dejó caer con fuerza contra el suelo. Con aquel golpe se hizo el silencio, todo el mundo la observó. Los ojos de la niña estaba fijos en los mercenarios y ladrones que se habían enzarzado en una pelea.
-Apartaos de ellos u os corto las manos, cerdos -Su voz, a pesar de ser de una niña, era dura e imponía respeto, al igual que su fría mirada.
-¿Por qué defiendes a esta calaña, Kylai? -Preguntó uno de ellos que tenía cogido a Glaiss por la pechera. La niña se acercó hasta él y clavó ligeramente la punta de la espada en su garganta, y este, soltando al chico, que se colocó su camisa, se alejó de ellos.
- Principalmente porque ellos podrían venir con su propio ejército y enterraros bajo este tugurio -Pasó la mirada por todos los mercenarios quienes poco a poco iban apartándose de los herederos- Es mejor mostrar respeto a la realeza-.
Se levantó un murmullo entre los ladrones, intercambiaron miradas entre ellos y la furia con la que peleaban contra ellos se fue conteniendo. Todos se alejaron de los herederos mientras estos se colocaban sus ropajes.
La niña, o Kylai como la habían llamado, se dirigió hacia la puerta seguida por los demás. Drank lanzó una bolsa con dinero hacia el dueño del local y la puerta se cerró tras él.
Kylai se subió a su bestia y se dispuso a marcharse cuando Glaiss se dirigió hacia ella y la habló mientras se colocaba el cabello blanco con las manos.
-Necesitamos tu ayuda, necesitamos esa planta, por favor. -.
La niña fijó sus ojos en los del elfo, durante un momento se quedaron callados y quietos mirándose, hasta que la niña, con la cara roja, apartó el rostro y rebuscó en las bolsas que tenía en su cinturón. Sacó un pequeño saquito cerrado con una cuerda y lo lanzó a sus pies.
-Su crecimiento es lento, en dos meses habrá brotado y con cuatro habrá crecido y se podrá usar -.
Glaiss cogió el saquito y la sonrió con amabilidad.
-Muchas gracias, Kylai -La niña azuzó a la montura y se puso en marcha rápidamente hasta desaparecer de la vista de los príncipes.
Todos volvieron por el camino que había pasado para salir al lago, cogieron sus caballos y volvieron a la aldea Melora.
Una vez en la Gran Biblioteca y todos sentados a la mesa de madera con Amadeus en el centro de la mesa con un gran libro entre las manos.
-Erenias, si... Era una raza muy curiosa. Su cuerpo deja de crecer a los seis años y permanecen así, sin envejecer, hasta que un día su corazón ya no aguanta más y se para. -Metió el hocico entre las páginas- A menudo tienen ciertos caracteres de animales pues se dice que sus antepasados animales se sentían tan humanos que evolucionaron, sin embargo, conservan rasgos de su antigua identidad.
-¿Son muy fuertes? -Preguntó Glaiss. Amadeus levantó los ojos hacia él.
-Su punto fuerte no es la fuerza ni la resistencia, pero su gran capacidad intelectiva y su memoria prodigiosa les convierte en un adversario digno, además de que son ágiles y rápidos -Se puso la mano en la barbilla.- Aunque aquella joven erinia demostraba tener una gran fuerza.
-Nunca había oído hablar de esa raza -Dijo Shenia.
-Están casi extintas, las mujeres son a menudo compradas como bufones o esclavas y sirvientes. Hay muy pocas libres y es extraño que no se escondan para no ser capturadas -.
Asch se levantó de su asiento con calma.
-Ella se ha ganado el respeto de muchos, no teme ser atrapada -Todos los demás le imitaron- Gracias Amadeus, nos vemos.
-A vosotros, tendré la medicina cuanto antes -.
Y los cuatro herederos partieron hacia Husmacia.
Al grito del almenero, las grandes puertas de las murallas se abrieron para dejar entrar a los príncipes, cuatro mozos de las caballerías les recibieron para recoger sus caballos cuando estos bajaron y los dejaron en sus manos.
Los cuatro se dirigieron hacia el interior del castillo cuando la voz de un soldado les detuvo. El hombre se acercó a la princesa y le tendió una carta.
-La reina Anri desea verla, dice que es urgente -Una vez entregado el mensaje, el soldado se marchó. Los chicos se pusieron alrededor de Shenia mientras abría el sobre. Comenzó a leerla, a medida que sus ojos recorrían las letras, su rostro iba cambiando, poniéndose cada vez más seria. Dejó la carta en manos de Asch, se recogió las faldas y salió corriendo hacia el Salón del Trono.
Los tres se quedaron mirándola confusos. El humano cogió la carta y la leyeron detenidamente, cuando acabaron, Asch arrugó el sobre y se dirigió rápidamente por donde Shenia había ido, Glaiss y Drank le siguieron.
-¡Asch! Vamos relájate -Exclamó el elfo.
-¡No! ¡No pienso permitirlo! -Gritó Asch. Llegaron al Salón del Trono y vieron a Shenia discutiendo frente a su madre.
-¡No! ¿Cómo has podido permitirlio? ¡Sabes perfectamente que estoy prometida! -.
Anri se irguió en el trono, junto al trono vacío de su difunto marido.
-Cariño, eso sólo lo sabe la gente de confianza, sin embargo, la noticia de que la boca con aquel supuesto Asch no sólo recorrió nuestros reinos, si no que llegó a muchos otros.
-Mi señora -Asch y los otros dos príncipes se arrodillaron ante la reina y se colocaron junto a Shenia- Debe disculparme y entender que no puedo permitirlo. Mi compromiso con su hija está acordado desde que eramos simples infantes y ahora nuestros corazones lo desean desesperadamente, haga oficial nuestro compromiso y cancele toda visita de pretendientes -Pidió Asch con voz firme mientras cogía la mano de Shenia y tocaba el anillo de compromiso.
-Asch, lo haría si fuese posible pero... -Suspiró, se pasó las manos por el fino cabello negro y le entregó otra carta que él cogió y leyó- El príncipe Lex es el heredero de los reinos del Norte, llamados Darven, ya está en camino, llegará en tres días -Entrelazó los dedos en su regazo.- Denegarle ahora la entrada sería un insulto a su proposición formal y podría desencadenar una guerra y, Asch, ni Husmacia, ni Guniver, ni el resto de Yurgs está preparado para enfrentarse a un enemigo tan poderoso -Clavó los ojos en él- No habrá más muerte.
-No pienso recibir a ningún príncipe -Replicó la princesa.´
-Shenia, hija mía, hazlo por mí, por tu padre, no más guerra, no más sufrimiento. Por favor. -.
La princesa bufó realmente molesta, agarró fuerte la mano de Asch y ambos abandonaron la estancia. Anri se puso las manos en el rostro y respiró pesadamente.
-Mi reina -Dijo Glaiss y se acercó- Entiendo sus razones y también las suyas -La miró- Hablaremos con ellos.
-Gracias -Hizo un ademán con la mano- Marchaos, por favor... -.
Glaiss y Drank abandonaron la estancia tras hacer una reverencia. Caminaron en silencio por los pasillos hasta encontrarse con las doncellas que estaban parando hablando entre ellas con cierta preocupación en el rostro. Los dos chicos se acercaron, Glaiss con una sonrisa y Drank serio con los brazos cruzados.
Nicolette se giró hacia el elfo cuando se acercó.
-¿Ha pasado algo?
-Shenia no parecía de buen humor -Dijo Aleshia.
-No ha habido decisiones a su gusto, ¿está con Asch?
-Sí, se han ido juntos, así que mejor no molestarlos -.
Los cuatro se quedaron callados, mirándose los unos a los otros. Drank estaba tenso y evitaba mirar a Aleshia. Glaiss esbozó una gran sonrisa y se puso junto a Nicolette.
-Acabo de recordar que tienes que ayudarme con un asunto -La cogió por los hombros antes de que ella pudiese protestar, y se fueron por el pasillo.
Aleshia y Drank se quedaron solos. Cruzaron un par de miradas hasta que, incómoda, la chica habló.
-¿Quieres pasear? -El príncipe asintió y ambos se fueron.
El elfo y la doncella corrieron por los pasillos hasta llegar al pequeño patio empedrado que se abría en mitad del castillo.
Nicolette, con su largo pelo recogido en un moño, reía con fuerza.
-Hemos sido malvados al dejarles solos -Sus ojos se encontraron con la seria mirada del elfo. Él no reía, no esbozaba ni una sonrisa. La chica tragó saliva- ¿Señor? -.
Glaiss se puso delante suyo y pasó los finos dedos por los mechones sueltos del cabello de la muchacha hasta encontrar el enganche que lo sujetaba y lo soltó, dejando caer la melena sobre los hombros.
Acto seguido, pasó los dedos por las sonrojadas mejillas de la chica.
-No me llaméis señor -Dijo suavemente y esbozando una sonrisa- ¿Os ha molestado que os trajera aquí para estar a solas? -Nicolette negó con la cabeza pues no le salían las palabras. Glaiss acercó su rostro al suyo y apoyó la frente en la de ella- Quiero hacerlo bien, desde el principio, sin precipitarnos. -Clavó su mirada azul en los marrones ojos de la muchacha- ¿Tengo permiso para besaros?
-Siempre lo habéis tenido. -.
Glaiss la cogió de la barbilla con suavidad, se acercó a ella y posó los labios sobre los suyos.
Mientras, en los floridos jardínes Asch y Shenia estaban sentados en uno de los bancos de piedra. La princesa acariciaba la mano izquierda de su prometido.
-No dejaré que ningún príncipe se interponga entre nosotros, tu y yo estamos comprometidos -Alzó los ojos hacia los suyos pero él estaba serio, pensativo- Siempre seré tu princiesa.
-No .Cortó Asch con cierta brusquedad. El humano la miró. El rostro de la chica estaba inexpresivo, como si de una bofetada le hubiesen borrado la sonrisa- No serás mi princesa... si no mi reina -.
La alegría la iluminó, le abrazó con fuerza y soltó una leve risa nerviosa. Asch la acarició la espalda con la mano sana, la separó de él y jugó con las puntas de su pelo.
-Os amo tanto -Susurró imperceptiblemente- Las pesadillas que tengo tratan sobre perderte.
-Pues no ocurrirá -Dijo Shenia sonriendo.
-¿Lo prometes?
-Por Yurgs -.
Los dedos de Asch recorrían el rostro de su amada, su corazón deseaba poder estar al fin con ella, sin guerras ni asesinatos de por medio. Quería vivir en paz a su lado aunque tuviese que renunciar a todo.
Shenia, al observar su preocupado y pensativo rostro, trató de sacarle de su ensimismamiento.
-¿Asch?¿Estás bien? -Preguntó y alzó la mano para acariciarle.
El príncipe asintió y le miró a los ojos.
-Sólo pensaba en la vida que quiero pasar junto a ti y lucharé todo lo que pueda por conseguirla y por ti. -Apoyó la frente en la de ella.
Shenia sonrió sonrojada.- Lucharemos juntos, como siempre.
-Y para siempre juntos, mi reina -Susurró y la besó, al principio lentamente, pero poco a poco la pasión les embargó y en seguida se evadieron del mundo.
Por eso no se percataron de la cercana presencia de Drank y Aleshia que caminaban cruzando apenas dos palabras. Pasearon entre los grandes y florecidos rosales que había plantados. El príncipe nefelim quitó una rosa blanca y la colocó tras la oreja derecha de la muchacha, Esta sonrió y clavó la mirada en el suelo por vergüenza.
Se alejaron lo máximo posible del momento romántico entre Asch y Shenia hasta llegar a una pequeña arboleda de cerezos en flor.
La chica se adelantó para oler las pequeñas flores y arrancar una pocas. Drank la miró, apoyándose en uno de los árboles. Aleshia sintió su mirada. La muchacha se escondió tras un árbol para evitar que observase su rostro sonrojado. Se inclinó hacia un lado para mirarle pero no estaba. Ella frunció el ceño y salió de su escondite para buscarle cuando sintió un tirón y su espalda chocó contra la corteza del árbol. Antes de que Aleshia pudiese quejarse, Drank presionaba sus manos contra el tronco y su boca recorría apasionadamente la suya. La chica trató de soltarse pero a pesar de que Drank no hacía fuerza, era imposible para una humana vencer la fuerza de un nefilim, así que cerró los ojos y se dejó llevar.
El viento sopló con fuerza transportando pétalos de las flores del jardín y brindó a las tres parejas un ambiente más romántico.
A pesar de toda la guerra y la muerte que últimamente había asolado los reinos, la llama del amor aún prendía sus corazones. Un fuego fuerte que nadie sería capaz de apagar... O quizá sí.

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