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Y.U.R.G.S. -Epílogo-

Dos años después.
Los pasos resonaban en todo aquel desierto pasillo como si una legión de soldados estuviera dentro del castillo. La luna se alzaba en el cielo, resplandeciendo y brindando una fría luz a todo el reino. Hacía buena temperatura en el exterior, pues se acercaba el verano, a pesar de que un molesto viento se había levantado desde el anochecer y había arremetido contra la piedra del castillo. Se oyó un grito. De nuevo comenzaron los pasos nerviosos, recorriendo el pasillo mientas el silbido del aire trataba de amortiguar aquel sonido. Aquella persona estaba alterada, movía las manos continuamente y murmuraba cosas inteligibles por lo bajo, como hablando un idioma extraño para sí misma. Cinco segundos más tarde, se volvió a quedar parada frente a las puertas dobles de madera que estaban flanqueadas por dos grandes antorchas de piedra. El nerviosismo le hacía sudar más que el calor que desprendía el propio fuego. Un segundo alarido de dolor llegó hasta sus oídos.

Ilusionist Rose -Cap. 2-

El gato le había hablado pero ahora, simplemente, se limitaba a observarla con aquellos ojos tan conocidos para ella. Ellie no sabía si aquello había pasado de verdad o si su mente sólo se la jugó. Aún sentada en el suelo, la muchacha se acercó cuidadosamente.
-¿Qué has dicho? - Preguntó casi susurrando, parecía que no quería asustar al animal.
El gato se empezó a lamer las patas, pero paró de pronto y echó una bola de pelo naranja que rodó por el suelo. Entonces se pasó las patas por la cara y sacudió la cabeza.
-¡Qué asco! -.
La chica volvió a quedarse con los ojos como platos, tragó saliva y susurró- ¿S-Steve? ¿Eres tú?
-Claro nena, soy yo. ¿Pensabas que te iba a dejar sola?
-Pero... ¿cómo te has metido dentro del gato? -Estiró la mano y acarició con las yemas de los dedos la pequeña cabeza del felino.
-¿En serio me lo preguntas? Ellie... Ilusiones cariño.
-¡Oh! Claro, no me acordaba. Bueno, tengo que ir a prepararme, me tendrás que guiar para ir a por ti. -Se levantó del suelo y fue hacia su cuarto, seguida del gato.
 -¡Eh! Tu no vas a venir, me las arreglaré, tranquila.
-No me voy a quedar aquí -Abrió el armario y sacó ropa. Empezó a desvestirse y a ponersela. Una camiseta de manga larga, encima una sudadera gris y un chaleco vaquero; unos pantalones cortos y unas botas militares con calcetines altos y gruesos. Salió de la habitación y fue directa al armario en donde había estado, lo abrió y sacó la mochila del dinero.- Además, quiero ayudarte, y por una vez, me dejarás hacerlo.-Con la mochila en la mano, volvió al salón y se sentó, agarrando el palo y tratando de engancharlo a la mochila como pudiese. Se oyó como el gato suspiraba.
-Irás al puerto del Norte, allí hay una taberna de madera llamada "Errante". El tabernero me conoce, me debe cien kramas. Tu pregunta por mí, te darán un libro. En cuanto lo tengas, lárgate de allí, saben quien eres y no dudarán en hacerte daño.
-¿Un libro?
-Sí, te lo darán, pero no lo abras, ¿te quedó claro? Después vete hacia la carretera del Oeste, camina todo lo que puedas hasta llegar a un motel. Allí estarás a salvo esta noche. Abre el libro allí. -.
Terminó de enganchar el palo, se colocó la mochila en la espalda y miró al gato- Sí, pero... -Se calló. Los ojos del gato ya eran completamente normales, ya Steve no estaba. Agarró al animal y lo metió dentro de la mochila y le dejó un hueco en la cremallera para que respirase, al menos, el animal no era más que un pequeño gatito.
La chica se quedó en el umbral de la puerta, observando el interior de su hogar. El corazón se le encogía en el pecho, sin embargo, alzó la barbilla, respiró hondo y bajó los escalones del bloque de pisos, y se fue andando calle abajo hacia el puerto.
El frío abrasaba la piel, sus mejillas ya estaban rojas y de su boca se escapaba un vaho blanco. Aunque aquella ciudad fuese costera, haciendo que el mar templase el tiempo, tenia bruscos cambios de temperatura durente el final del verano y el otoño. Mientras andaba por la calle observó como expiraba el vaho, aquello le recordó como a Steve le encantaba porque según él, era como un dragón. Comenzó a expulsarlo a destiempo, a veces más rápido y otras lento.
Entonces se paró de pronto y respiró por la nariz, fijó sus ojos en la taberna de la cual sólo le separaba una larga cuesta. Colocó su capucha sobre la cabeza y comenzó a andar rápidamente, bajando hacia el lugar. El local era pequeño, todo hecho de una madera oscura y agrietada por la humedad del lugar. Las voces se oían incluso desde fuera, ya que la taberna estaba a rebosar de gente. Cuando Ellie llegó, abrió la puerta temerosa, para observar el interior. El suelo era de madera, al igual que los muebles. El tabernero no paraba de servir copas a todos los marines y pescadores que allí habían. Muchos jugaban a las cartas en las mesas, gritaban y se insultaban entre ellos por las trampas que hacían. La muchacha entró sin ser advertida, cruzó la estancia rápidamente y se apoyó en la barra, la cual estaba pringosa de tanta cerveza derramada.
-¡Perdone! -Gritó. El tabernero limpiaba un vaso con una mohosa vayeta húmeda mientras charlaba a voces con dos hombres- ¡Señor! -La mirada de la chica pasó por toda la barra, entonces vislumbró un vaso medio vacío. Se estiró hasta cogerlo y, con fuerza, lo tiró al suelo, haciendo que se rompiese en mil pedazos y derramase el líquido. El bar de pronto, se quedó en silencio. La chica respiró hondo y miró al tabernero- ¿Me puede atender ya? -.
El hombre, de gran estatura y constitución, se acercó a ella con mala cara. Apoyó las manos en la mesa y se inclinó hacia ella.- Niña, ¿acaso tus padres no te han dado educación? Te mandaré con ellos de una patada. -Estiró la mano hacia ella, esta le agarró y apretó los dientes.
-Ten cuidado, dudo que Steve te deje con vida si se entera de que me has tocado -.
-¿Steve? -Preguntó curioso.- ¿Steve Rose? ¿Tu eres Ellie?
-Sí, lo soy. -Soltó su mano. En el rostro del hombre se dibujó una sonrisa.
-¡Querida! Steve me ha hablado mucho de ti, hace tiempo que no le veo, ese cabrón ya no viene ni a saludar. ¡Já! Bueno, da igual, te invito a una copa.
El bar volvió a su ruido habitual, el tabernero preparó una caña de cerveza y se puso junto a ella, aún con la sonrisa en los labios.
-Bueno, dime, ¿qué te trae por aquí?
-Verás -Cogió el vaso y observó el cristal- Vine para recoger una cosa para Steve, un libro. Me ha pedido que venga a por él de su parte.
-¿Un libro? ¡Ah! ¡Si! Llevo esperando semanas a que venga a por él -Rápidamente, entró en la trastienda del bar, y volvió a salir con un libro de aspecto antiguo, con tapas marrones y gastadas, sin letras en ella.- Toma pequeña.
-Muchas gracias -Lo cogió y lo metió bajo el brazo. El tabernero le tendió además un billete de cien kramas, ella lo rechazó y le dedicó una sonrisa- Por la copa y el vaso roto. Lo siento, fue un ligero impulso.
-¡Gracias!
La muchacha fue hacia la salida bajo la atenta mirada de todos los allí presentes, con el libro bajo el brazo y apretándolo bien fuerte, empujó la puerta y salió al frío de la noche. Caminó sin detenerse hasta estar al menos dos calles más allá. Soltó un suspiro y miró el objeto con curiosidad.
-¿Puedo ayudarte? -La muchacha pegó un brinco y soltó un grito, escondió el libro a su espalda y se quedó mirando al muchacho que tenía delante. Le sacaba solo una cabeza, era fornido y bastante ancho. Su pelo era negro y le caía hasta los hombros, vestía con un mono de trabajo, deduciendo que era pescador o mercader. Además, tenía las manos manchadas de grasa.- Siento haberte asustado, te vi en el bar y te reconocí al momento. Eres la chica de Steve ¿verdad? Le conocí hace bastante, le debo un gran favor  y querría ayudarte para saldarlo. Si no te importa claro.-Sonrió-.
Ellie no se fiaba mucho pues recordaba las palabras de Steve: "Saben quien eres y no dudarán en hacerte daño". Pero sus gestos eran amables, en sus ojos no parecía haber ninguna mala intención y una pequeña ayuda al principio la podría venir muy bien. La muchacha le sonrió y asintió. Él la condujo por aquellas calles hasta una cafetería no muy lejana, ambos entraron y se sentaron, tras pedir la consumición se pusieron ha hablar sobre lo ocurrido.
-Vaya, ¿Steve ha desaparecido? -Ella asintió- Que mal, ¿y hacia dónde tienes que ir?
-Hacia el motel de la carretera Oeste.
-¡Eso está muy lejos para ir a pie! ¿Tienes transporte? -Ellie negó y soltó un suspiro- Te puedo llevar, ven, vamos. -Y ambos se fueron, cogieron la moto del muchacho, y se dirigieron hacia el motel.
Tras un viaje de unos cuarenta y cinco minutos, llegaron a la gasolinera. El chico repostó la moto mientras Ellie se dirigía a la recepción del motel. Cuando este terminó, se reunió con ella a quien le estaban dando la llave. Los dos subieron hasta encontrar su habitación y pasaron al interior. La muchacha dejó la mochila y las llaves sobre la cama y el pequeño gato salió maullando de ella,
-Gracias
-No hay de qué -Cerró la puerta detrás suya, mientras Ellie iba al baño, este agarró las llaves y cerró por dentro la puerta, después, se la metió en el bolsillo.- Parece acogedor, y me supongo que tendrá de todo. Aquí estarás bien. -La chica salió del baño y se acercó al gato para cogerlo en brazos. El muchacho se acercó a ella y la puso contra la pared, dándola un fuerte golpe en la espalda.
-¡Ah! ¿¡Qué haces!? -Apretó al gato contra sí mientras este bufaba.
-Cobrarme lo que Steve me debe.
-¿Te debe? ¡Dijiste que le debías un favor!
-Mentí, pobre estúpida ilusa, no podía creer que me creyeses de esta manera -Se rió, se acercó y la acorraló contra la pared, agarró al gato y lo tiró- Ese hijo de puta ¡me robó todo! ¡Entró en mi negocio y lo robó! Me dejó en la ruina y he estado el momento de pillarle. Ahora que su querida mujercita está sola y desamparada, es mi turno de joder las cosas de Steve.
-¡No! -Le pegó un rodillazo en el estómago y lo apartó. Corrió hacia la puerta y trató de abrirla, pero no cedía. El chico caminó hacia ella y la agarró del pelo, arrastrándola hacia atrás.
-Zorra... -La tiró contra la cama y esté su puso encima. Le agarró las manos con fuerza mientras Ellie se retorcía y pataleaba mientras gritaba. El gato bufaba desde el suelo, con todo el cuerpo erizado y con los ojos de Steve brillando intensamente- Cierra esa bocaza puta -Alzó la mano y la pegó un bofetón, esta le escupió en la cara.
-¡Suéltame!
-¿Y quien me obligará? ¿Tú? -Se colocó entre sus piernas, le sujetó ambas manos con una suya y le recorrió con la libre la cadera y la cintura, acariciándola hasta meterla bajo su sudadera- ¿El gilipollas de tu marido?
-Sí. -Steve apareció a su espalda con el palo en la mano, con él, le agarró del cuello y lo estampó contra la pared. Le agarró del pelo y le obligó a pegarse cabezazos contra esta hasta que su nariz se rompió y comenzó a sangrar. De un tirón, lo tiró al suelo donde lo empezó a pegar patadas hasta hacerle escupir sangre.
Steve se dio la vuelta y se dirigió hacia la mochila, cogió el palo de billar por el mango y volvió con el hombre. Entonces lo alzó y le dio un golpe en el costado.
- Bastardo hijo de puta, atreverte a tocarla... -Le dio otro golpe en la cabeza- Tu, te conozco, eres el hijo de puta que estafaba a las familias ¿verdad? ¡Les dejaste sin dinero! ¡Gente inocente que se creyó tu sarta de gilipolleces! -Le dio más golpes mientras le gritaba- ¿¡Estas resentido porque te robé!? ¡Solo le quité el dinero a un sucio estafador y se lo devolví a quien le pertenecía! Bastardo... -Tiró el palo a un lado y le observó, limpiandose el sudor con la manga.
Cuando el hombre ya ni se movía, le quitó de los bolsillos todo lo que tenía, lo agarró del cuello, se dirigió a la ventana, la abrió, y lo lanzó hacia abajo, haciendo que cayese en el contenedor de basura abierto. La volvió a cerrar y se giró, mirando a su esposa con los ojos llameantes de furia. Ellie no se movió, pues su mirada se lo impedía. Cuando este se acercó, se sentó junto a ella y le acarició la mejilla. Sus dedos eran fríos y casi blanquecinos, apenas tenía color en la piel.
-No eres tu...
-Por supuesto que no, produje una ilusión de mi que saliese del gato, como la ilusión que hice en la casa, una copia exacta de mí mismo, con la diferencia de que a esta la controlo. No aguantaré mucho tiempo en esta forma, mi verdadero cuerpo no tiene fuerzas para mucho más. -La agarró de la mano- Sólo dime, ¿¡en qué coño pensabas!? ¿¡Acaso no recuerdas lo que te dije!? ¡Aléjate de la gente! Sólo sigue mis órdenes. Si quieres ayudarme, tendrás que hacerme caso, sino, vuelve a casa. ¿¡Entendido!? -Ellie, con lágrimas en los ojos, asintió en silencio.- Abre el libro, dentro encontrarás toda la información que necesitas saber. Vete en la dirección que pone, hay un pequeño mapa dentro hecho a mano, espero que sepas leerlo. Tu primer objetivo será Kevin, un mago. Irás a verle de mi parte. No hay tiempo para que preguntes así que te diré que tienes cuatro objetivos por delante antes de poder venir hacia mi. ¡Hazlos! Y no te saltes ninguno. Aléjate de la gente, de las grandes ciudades, no hables con nadie que no sea necesario y por favor, cuídate. -Se apartó de ella y se quedó de pie en medio de la habitación con los ojos cerrados.
-¡Espera Steve! -Él abrió los ojos para mirarla.- Te amo -Una pequeña sonrisa apareció en su rostro, ablandando sus facciones. Se acercó a ella y se inclinó, puso una mano en su mentón y se rozó sus labios con los de ella sin fundirlos en un beso.
-Y yo... -Susurró. Su cuerpo se vaporizó rápidamente y tan pronto como había venido, desapareció. La chica se quedó con los ojos cerrados esperando el beso que no llegaría. Agachó la cabeza y suspiró. Se levantó y cogió el libro, se sentó y lo abrió.
El mago Kevin, su primer objetivo.

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