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Y.U.R.G.S. -Epílogo-

Dos años después.
Los pasos resonaban en todo aquel desierto pasillo como si una legión de soldados estuviera dentro del castillo. La luna se alzaba en el cielo, resplandeciendo y brindando una fría luz a todo el reino. Hacía buena temperatura en el exterior, pues se acercaba el verano, a pesar de que un molesto viento se había levantado desde el anochecer y había arremetido contra la piedra del castillo. Se oyó un grito. De nuevo comenzaron los pasos nerviosos, recorriendo el pasillo mientas el silbido del aire trataba de amortiguar aquel sonido. Aquella persona estaba alterada, movía las manos continuamente y murmuraba cosas inteligibles por lo bajo, como hablando un idioma extraño para sí misma. Cinco segundos más tarde, se volvió a quedar parada frente a las puertas dobles de madera que estaban flanqueadas por dos grandes antorchas de piedra. El nerviosismo le hacía sudar más que el calor que desprendía el propio fuego. Un segundo alarido de dolor llegó hasta sus oídos.

Y.U.R.G.S. -P.5-

Aquella cueva se hacia cada vez más larga, la oscuridad total les había engullido y el incómodo silencio que había entre los chicos y Shenia hacía que la tensión fuese más palpable. Los dos príncipes andaban por delante de ella, abriendo paso con las armas listas por si tenían que atacar. La muchacha por el contrario, miraba hacia atrás, temerosa por si algún enemigo aparecía de la nada sobre su espalda. Todos avanzaban hasta llegar a una sala, iluminada con escasas lámparas de aceite, en donde los ogros se concentraban y armaban ruido. Glaiss se acercó ágilmente a una de las grandes columnas que sujetaban el techo y se escondió tras ella, Asch agarró a Shenia del brazo y la llevó a la paralela donde ambos se escondieron, mirando a Glaiss.
-Deberíamos intentar que no nos viesen ¿No?- Susurró Shenia, Asch giró el rostro hacia ella, quien la mantenía todavía sujeta, y la miró bastante serio, estaba enfadado por la discusión que anteriormente habían tenido.
-Tu quédate aquí, aunque sería mejor que te fueses a casa con tu padre como una chica responsable, pero como sé que no me harás caso, quédate escondida. -La muchacha sonrió, a pesar de que no la dejaba acompañarles, sabían que no se iría de allí así como así.
Los ogros seguían inmersos es su tremenda discusión cuando Glaiss llamó la atención de la pareja haciendo aspavientos. Cuando ambos miraron, señaló a una puerta de madera oscura y algo antigua, de apariencia pesada. Sigilosamente, los tres avanzaron hacia allí y se ocultaron tras unas grandes cajas apiladas contra la pared. Glaiss se adelantó y trató de abrir la puerta, pero esta no cedió y el chico volvió con los otros.
- Está atrancada, algo desde el otro lado impide que se abra.

Hubo un momento de silencio hasta que los ojos de Shenia vislumbraron un agujero en la pared de piedra.
-¿Y ese agujero? ¿No nos podríamos meter por él?
-Demasiado pequeño para nosotros- Cortó Asch rápidamente.
-Para vosotros, pero yo puedo pasar-Le miro seria y se levantó.
-Oh no, ni de broma, tu te quedas aquí- La agarró y la obligó a agacharse de nuevo. Glaiss los miró en silencio.
-No hay otra forma de entrar, Asch.
-Te prohíbo que vayas, Shenia.
La chica se quedó callada un momento. Asch parecia realmente enfadado, pero ella ni se inmutó. Su rostro enrojeció, furiosa, y se soltó de un tirón.
-Tu no puedes prohibirme nada -Se levantó, fue hacia el agujero y se metió por él con cierta maestria. Los chicos se quedaron escondidos, mirando como entraba. Asch apretaba fuertemente los puños pues estaba impotente porque Shenia nunca la hacia caso. Glaiss le miró y le sonrió de manera que Asch no estuviese tan preocupado
-Tranquilo, se las apañará. Sabe defenderse.
-¿Y si la pasa algo? No me lo perdonaria en mi vida, seria por mi culpa.
Glaiss le revolvió el pelo sin dejar de sonreirle- No es una niña Asch.
-¡Si lo es! -Alzó la voz y suspiró, estirando las manos- Solo quiero protegerla pero a veces es tan inmadura e ingenua que no ve las consecuencias de sus actos.
-Pero, si no fuese así ¿La amarias tanto como la amas? -Asch se calló y miró al elfo. Él llevaba razón y una de las cosas que le maravillaban de la princesa era su forma de ser, tan ingenua, rebelde e inconsciente. El peliazul asintió y se quedó callado, mirando preocupado hacia aquel agujero por el que habia entrado Shenia. Tras un momento oyeron golpes en la puerta de madera, ambos se acercaron a ella.
-¿Glaiss? ¿Asch? Voy a intentar abrirla, hay un trozo de madera que lo impide, dadme un momento.
Glaiss miró sonriente al principe humano y le dio un golpe amistoso en la espalda.- ¿Ves? Sabia que lo conseguiría.
No mucho después de que en elfo hablase, un agudo grito procedente del otro lado de la puerta alerto ha ambos principes. Asch se lanzó contra ella y comenzó a dar fuertes golpes con su cuerpo.
- ¡¡Shenia!! -Gritó con fuerza, un poco desesperado.
- ¡Asch! -Gritó ella y su voz se fue alejando de la puerta.
Los dos principes arremetían con su cuerpo contra la puerta y esta cedía lentamente pero no se abría. Glaiss se quedó quieto y desenvainó su espada cuando se dio cuenta de que sus golpes y los gritos habían captado la atención de todos los ogros de aquel lugar. Se colocó delante de Asch y apretó fuerte el mango de la espada.
-Tu continúa, yo les entrentendré. -Dicho eso, se lanzó contra ellos, cortando y mutilando con maestria sus miembros y esquivando sus ataques.
Asch miró a su compañero indeciso, sacudió la cabeza, cogió su trabuco y disparó a la cerradura, dejando un gran agujero. Así, volvió a dar fuertes golpes, puñetazos y patadas, haciéndose heridas en las manos hasta que la puerta cedió y se abrió un hueco por donde entrar. Miró hacia atrás para observar a Glaiss, este al verle, comenzó a gritarle.
-¡Lárgate de una vez! ¡Vete! ¡Yo les entretendré! ¡Vamos! -Clavó el filo de su espada en el cuerpo de uno de ellos y lo lanzó contra otros.
Asch suspiró, se metió por la puerta y comenzó a correr con el dedo en el gatillo del trabuco. El príncipe elfo se apartó de un salto de la trayectoria de una extraña espada de aquellos ogros y bufó, mirándoles fijamente. Volvió a saltar al ataque, clavaba, cortaba, mutilaba y empujaba a sus enemigos para apartarles de la puerta, pero en un descuido, uno de ellos le agarró y lanzó contra una columna, haciendo que se diese un fuerte golpe y que su espada saliese volando y se clavase en el suelo. El elfo se levantó pesadamente, limpiándose la sangre de su boca. Miró a sus enemigos, que poco a poco le rodeaban, y apretó los puños.
Aquel podía ser su final, dejaría a su reino sin heredero y sus padres llorarían su pérdida años, sin embargo, habría muerto luchando, protegiendo a dos personas muy importantes para él, eso le reconfortaba. Así que esperó su muerte con gusto, como si fuese una vieja amiga, y cerró los ojos, dispuesto a sentir como la espada atravesaba su cuerpo.

Escrito y publicado por: Gaia Lowry
Co-escrito por: Asch Redfield

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