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¡SORTEO! "La Caída de los Reinos" -3 ganadores-

Y.U.R.G.S. -P.2-

Todo fue gloria y esperanza en los reinos, hasta que los países extranjeros comenzaron a saquear pequeñas aldeas de la Sagrada Unión. A la edad de 16 años, Glaiss fue enviado como general azul de Yurgs. Su habilidad con la espada era inigualable entre las filas de sus ejércitos, desde pequeño practicaba con el príncipe humano quien le dio una fina pero muy afilada hoja, la cual llevaba envainada como arma. Se trasladó a caballo al lugar que hacía poco habían saqueado, cerca de la frontera. Al llegar, el joven elfo bajó de su montura e inspeccionó la zona con la mirada. Sintió un intenso vacío en el pecho al observar las quemadas casas que había a su alrededor y los cadáveres de varones adultos por las calles, las mujeres habían desaparecido y los niños murieron abrasados por el fuego o de hambre.
- ¡Eh! Tú. El mentón bien alto y ponte firme - La voz del príncipe humano sacó del ensimismamiento a Glaiss. Asch apareció montado en un gran rocín negro, con un trabuco sobre su hombro, vestido con prendas de cuero marrón. Desde su montura, miró hacia el elfo con una sonrisa burlona en el rostro para después bajar y acercarse a él.
El elfo se giró para mirarle y alargó el brazo, agarrando el antebrazo del humano, al igual que él el suyo.
- No esperaba verte por aquí, Asch -

- ¿Cómo ves la situación? -Preguntó sin soltarle el brazo, aunque sus ojos estaban dirigidos hacia el caos que se les presentaba- En las demás aldeas ha ocurrido lo mismo, las mujeres desaparecen sin dejar rastro.
Soltaron sus brazos y el joven elfo asintió con la cabeza, observando lo mismo que el humano, con su semblante serio y apoyando una mano en el mango de su arma.
- Ni una pista de su paradero, solo hay infantes y hombres muertos por todos lados. -Colocó una mano en su mentón, pensativo- No estoy seguro, pero empiezo a sospechar del país de los Ogros, Renekres, es el más cercano a nosotros.
El humano peliazul sonrió y se llevó una mano a su cabello para enroscarlo en él. Giró su rostro hacia el muchacho- ¿Y no te gustaría ir a investigarlo? -Glaiss también le miró con una sonrisa cómplice en el rostro. Sin tener que decir nada, Asch le agarró de nuevo del brazo y se acercó a su montura. Le suubió al caballo negro y comenzó ha andar a su lado, rumbo a la capital de los ogros pero justo antes de llegar a la frontera, un escuadrón aliado les cortó el paso. Estos vestían de violeta, lo que quería decir que eran un escuadrón de Jarven al cual debería pertenecer la princesa, pero aún era demasiado joven y su posición social la hacía quedarse al margen de las amenazas exteriores a las que estaban expuestos los escuadrones. El general dio un paso al frente y los jóvenes príncipes se pararon delante suyo.
- No se os permite el paso, ya que si lo cruzáis, ningún escuadrón aliado os podrá aportar apoyo -El rostro del general transmitía malestar mientras miraba a los chicos, seguramente estaría cansado de estar en aquel lugar todo el día sin descanso. El elfo silbó y su caballo se fue acercando hacia ellos. El humano permaneció en silencio mientras Glaiss se cambiaba de caballo y esbozó una burlona sonrisa mientras agarraba las riendas y montaba.
- Si necesitamos la ayuda de los Husianos, será para pintarnos las uñas -Soltó una carcajada, puso en marcha a su caballo y, esquivando al general, comenzó a galopar rápidamente seguido muy de cerca por el elfo. Puso a su espalda el trabuco para agarrar con las dos manos las riendas.- He investigado estas tierras antes  y sé donde pueden estar. La pena es no haber entrado allí -Volvió a reír- ¡Creí que no habría balas para tantas cabezas! -Miró hacia el elfo con una sonrisa- Me he provisto de unas cuantas, puedes esperarme fuera -Se giró para poner la vista en el camino y azuzó al caballo para ir más rápido. Un momento después, se desvió por un camino para dirigirse a las montañas. El joven elfo permaneció en absoluto silencio, como lo había hecho hasta ahora, y negó con la cabeza mientras le seguía de cerca.
El jadeo de los caballos se ahogaba con el ruido de las herraduras en el suelo, todo se perdía en el aire de la velocidad a la que iban...

Escrito y enviado por: Asch Redfield
Co-escrito por: Gaia Lowry


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