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Y.U.R.G.S. -Epílogo-

Dos años después.
Los pasos resonaban en todo aquel desierto pasillo como si una legión de soldados estuviera dentro del castillo. La luna se alzaba en el cielo, resplandeciendo y brindando una fría luz a todo el reino. Hacía buena temperatura en el exterior, pues se acercaba el verano, a pesar de que un molesto viento se había levantado desde el anochecer y había arremetido contra la piedra del castillo. Se oyó un grito. De nuevo comenzaron los pasos nerviosos, recorriendo el pasillo mientas el silbido del aire trataba de amortiguar aquel sonido. Aquella persona estaba alterada, movía las manos continuamente y murmuraba cosas inteligibles por lo bajo, como hablando un idioma extraño para sí misma. Cinco segundos más tarde, se volvió a quedar parada frente a las puertas dobles de madera que estaban flanqueadas por dos grandes antorchas de piedra. El nerviosismo le hacía sudar más que el calor que desprendía el propio fuego. Un segundo alarido de dolor llegó hasta sus oídos.

Ilusionist Rose -Epílogo-

Desde el momento en que sintió aquel leve latido bajo sus dedos, supo que aún había esperanza. Aquello no era una retorcida alucinación producida por su mente, no había sido una ilusión inspirada por recuperar a su amada. Aquello había sido más real que la vida misma. Lentamente, apartó el rostro y observó a su esposa entre sus brazos, con los ojos como platos y la respiración contenida. Llevó su mano derecha al cuello de la muchacha, dónde de nuevo sintió el pequeño latido de su corazón.
Ilusionado, las penas y las lágrimas se esfumaron por un momento, obviando la muerte de su compañero, al ver que el pecho de Ellie subía y bajaba de manera casi imperceptible, señal de que su aún respiraba.
Sus labios se entreabrieron para dejar escapar las palabras hechas susurros:
-Ellie…
Jessica y Kevin, que aún lloraban la pérdida de G-Host, levantaron las cabezas al oír el tono de esperanza que había teñido la voz de Steve. Ambos se quedaron mirando a su amigo fijamente. El ilusionista acunó a su mujer para acercarla aún más a su cuerpo y acarició con cariño la piel de su frente. Observó cómo sus ojos se movían bajo los cerrados párpados, cómo su boca se entreabría para coger una bocanada de aire limpio y cómo su ceño se fruncía. Fue entonces cuando por fin abrió los ojos.

Sus miradas se encontraron, los ojos marrones de la muchacha escrutaban los heterocromos de su marido. Él, aún sin poder creérselo, siguió acariciando su fina piel con la yema de los dedos. Ellie alzó una mano, temblorosa, para rozar con sus dedos el mentón de Steve. Recorrió el perfil de su rostro, su mejilla derecha hasta acariciar el cabello detrás de la oreja.
-Steve.  –Susurró evidentemente cansada.
-Ellie. –En los ojos del muchacho se volvieron a acumular lágrimas, pero ésta vez, una sonrisa iluminaba su rostro.
-¿Esto es…real?
-Sí, amor, lo es.
Se inclinó sobre ella entre risas y sollozos, abrazando su menudo cuerpo contra él con un fuerte apretón para no volverla a perder nunca más. No habría predicción que pudiera volver a separarlos.

Aquel día había marcado de manera crucial la vida de Steve, todos los días tenía muy presente el sacrificio que había hecho G-Host y lo honraba. Mantenía una deuda con él de por vida. Sin embargo, para Ellie había quedado marcado de otra manera muy distinta.
Mientras que para su esposo supone un renacimiento y una gran oportunidad de cumplir el futuro que siempre había deseado, la muchacha había quedado trastornada. Después del reencuentro con su marido, se había enfrentado a las secuelas que había dejado su devastador poder. A pesar de que parecía que su conciencia racional había sido anulada totalmente por el proyecto Pandora, los recuerdos llegaron a ella como un torrente de agua. De golpe, vislumbró los daños que había realizado y las muertes que había dejado a su paso. El peso de la culpabilidad cayó sobre ella como un plomo. Negándose a bloquear sus recuerdos, tal y como Kevin y Steve sugerían, cargó con aquel sentimiento durante los años siguientes, sufriendo en sueños el dolor de sus víctimas.
Tratando de consolar a su mujer tras cada pesadilla, Steve le relataba, historia a historia, su verdadero origen.
“Es cierto que todos nosotros, al llegar al Orfanato, no recordábamos nuestra vida anterior” Dijo una noche, después de uno de esos malos sueños, mientras abrazaba y acariciaba a Ellie con ternura. Hablaba en susurros para tranquilizarla. “Pero la verdad no podía esconderse de la curiosidad humana de la que estamos dotados. Nuestro origen era ciertamente un misterio para nosotros, pero tener un oráculo a nuestro lado, siempre beneficiaba la causa. Nos guiamos, primero, por aquello que habíamos experimentado en el Orfanato, después de ver qué tipo de pruebas nos hacían y los resultados de estas, G-Host pudo deducir que ellos también trataban de encontrar nuestro origen a través del ADN de las muestras de sangre. Después de que nos escapáramos de allí, seguimos investigando por nuestra cuenta“. Ellie levantó la cabeza para mirarle mientras hablaba. “Según la mitología de la antigua Grecia, la Caja de Pandora no sólo liberó los males en toda la Tierra, sino que también los poderes que estaban reservados a los dioses ahora podían ostentarlos con libertad. Se establecieron, entonces, cuatro linajes míticos. Los Ilusionistas, capaces de jugar con la mente de la gente; los Magos, hombres cuyos conocimientos habían sido proporcionados a través de la sabiduría de las divinidades; las Brujas, mujeres que tomaban sus poderes de los elementos y los Oráculos, quienes no sólo eran capaces de ver el futuro, sino también de recordar el pasado. Estos cuatro linajes fueron aclamados, honrados y adorados en todo el mundo antiguo, se les rendían homenajes, se celebraban fiestas en su honor e incluso llegaron a ser considerados dioses. Sin embargo, la Edad de Oro de nuestros antepasados pronto se vería perturbada por la entrada del Cristianismo como religión oficial en el Imperio Romano. Su doctrina eliminaba cualquier otra creencia que no fuera la propia, por tanto, a finales de la tardo-antigüedad y en la Edad Media, por supuesto, aquellos herederos de los cuatro linajes fueron perseguidos y asesinados. Nuestro número menguó mucho en pocos siglos, los poderes dejaron de utilizarse y se trató de purificar nuestra raza entablando relaciones con los humanos para que fuera más complicada la transmisión de poderes. Hoy en día, ya olvidada nuestra existencia, somos nosotros cuatro los últimos herederos de aquellos cuatro linajes.
“¿Cómo caísteis en manos de mis padres?”. Balbuceó adormilada su esposa.
“Tu madre no sólo era genetista, sino que también le apasionaba la cultura clásica, en concreto la mitología. Al encontrar nuestro mito en uno de los miles de libros sobre esta disciplina, lo debió de creer ciegamente  y, rastreando las posibles uniones y a los descendientes que pudieron llegar a la actualidad, dio con nosotros, cada uno en una parte del mundo. Tras contarle a tu padre la magnitud de su descubrimiento, ambos decidieron dar un paso más. Financiando ellos mismos la empresa, crearon los laboratorios subterráneos y contrataron a muchos de los científicos que viste allí. Con ayuda de un cuerpo privado de protección, nos secuestraron a todos con tan sólo cinco años. Después de observar nuestros poderes con diversos experimentos y pruebas, entre los que figuraba cuidar de una planta, estudiaron nuestro potencial y consiguieron aislar el gen que provocaba tal mutación, por así decirlo, en nosotros.
A finales de aquel mismo año, tu madre se había quedado embarazada accidentalmente, pues según vimos cómo se comportaba con nosotros, dedujimos que los niños no eran su punto fuerte. Sin embargo, vio en la nueva vida que se formaba en su vientre la oportunidad perfecta para crear, lo que ella había llamado, una nueva Caja de Pandora, que recogiera en el cuerpo de una misma persona, los poderes de los cuatro linajes. Así, sometiéndose a una peligrosa intervención, introdujo en las células que meses después darían lugar a un feto, el gen correspondiente al poder de Ilusionista, extrayendo antes una muestra de tu ADN para poder clonarte y probar con ellos. Así, nacieron tus Hermanas, cada una con los poderes de los linajes diferentes, sin embargo, con cada clonación, el cuerpo perdía capacidad de asimilación de los poderes, por lo que muchos de los clones a los que intentaron inyectar dos o más genes murieron o se malformaron. Decidieron, entonces, encontrar la manera de poder reunir los cuatro poderes en un mismo cuerpo, que sería el tuyo, pero para asegurarse de que los genes habían mutado de la manera esperada, debían tener paciencia y ver cómo te desarrollabas.
Sin embargo, los años pasaban y tú no manifestabas ningún poder. Parecía que tu organismo había obviado aquellos genes y simplemente eras una humana normal. Decepcionada con el resultado, tu madre nos realizó más pruebas y experimentos, incluso nos llegó a torturar para sacar de nosotros cuanta información pudiese. Por aquel entonces, había obtenido la forma de extraer de nosotros el poder que recorría nuestro cuerpo, el cual era tan imprescindible como la propia sangre. Cada mes, nos sometía a un drenaje obligatorio para asegurar que no podríamos hacerle daño, sin embargo, se fueron haciendo cada vez más frecuentes en cuanto nuestro potencial aumentó con la edad. A los quince años, escapamos de allí por el desagüe del baño, nos escondimos y no volvieron a tener pistas sobre nosotros hasta que, cinco años más tarde, y sabiendo ya de tu existencia, te llevara conmigo.
Después de que realizara una ilusión lo suficientemente potente como para manipularte a ti y a tus padres, escapaste dejando simplemente una nota. Cuando el efecto se pasó y encontraron el mensaje de despedida, sospecharon e hicieron que tu Hermana oráculo rastrease los momentos previos. Haciéndose evidente que había restos de mi poder, supieron por qué te había llevado conmigo. Pero sus intentos de localizarnos eran inútiles, pues no sólo obtuve la ayuda de G-Host para que contrarrestara los poderes de nuestro enemigo, sino que yo lanzaba cada día una ilusión sobre ti para que tu poder no pudiera ser rastreado. Por ello, aunque te enseñara a timar, robar, disparar y luchar, nunca dejé que realizaras uno de nuestros comunes robos.” Agachó la cabeza y besó la cabeza de Ellie. “Bienvenida a la vida real, amor mío”.
“¿Sin secretos?” Había susurrado la chica.
“Sin secretos” Y así, calmó los ánimos de la muchacha y ambos se quedaron dormidos.

Ni Steve ni Ellie sabían por qué su historia había pasado a ser el cuento favorito para dormir del pequeño Host, pero el niño se quedaba absorto y maravillado cuando su padre lo recreaba todo. Obviamente, aquella historia que explicaba por qué su padre tenía poderes que el niño admiraba, había sido ligeramente censurada. En ningún caso mencionaba que su madre fuera el monstruo terrible que había hecho desaparecer a su personaje favorito, aquel que llevaba su mismo nombre, por lo que era normal que realizara preguntas acerca de su madre.
“¿Por qué mamá no puede hacer lo mismo que tú” Preguntó una noche el niño, mientras su padre le arropaba.
“Porque tu madre ya es lo suficientemente especial, debe dejar algo al resto del mundo”
Ellie se reconfortaba al saber que los sentimientos de Steve no habían cambiado ni un ápice, pero aún sentía remordimientos por lo ocurrido. A veces incluso lloraba recordándolo a pesar de que habían pasado ya seis años.
Ese día era el aniversario de la muerte de G-Host y todos habían prometido reunirse para conmemorarlo. Aquel año, se celebraría en la casa de Steve y Ellie, una reconstrucción de la casa que anteriormente había tenido G-Host. Alfa, su antiguo androide y ahora propiedad de los muchachos, les había cedido los planos.
La mesa de cristal del gran comedor estaba perfectamente colocada, con el mantel puesto, cada plato, cubierto y copa en su sitio, y las servilletas perfectamente dobladas. Ellie y Alfa se habían pasado toda la mañana cocinando gran variedad de platos para satisfacer el apetito de dos hombres hambrientos y un niño glotón. Sirvió los entremeses, los platos para compartir y algunos aperitivos más cuando sonó el timbre.
Todos se habían vestido para la ocasión, Steve llevaba una americana, una camiseta blanca y unos vaqueros negros. Su cabello estaba peinado hacia atrás aunque algunos mechones rebeldes le caían sobre los ojos. Llevaba a su pequeño en brazos, que pataleaba y se quejaba por llevar una ropa tan incómoda, pues el niño vestía unos vaqueros y un jersey de punto bastante formal. Ellie, que fue a recibir a los invitados, se había puesto una blusa y una falda negra de tubo. Su cabello, largo, estaba recogido en una trenza que caía por su hombro izquierdo.
Al abrir la puerta, sus ojos se abrieron e iluminaron al contemplar a Kevin y Angelica. El chico no había cambiado desde la última vez que le había visto. Vestía una camisa negra y pantalones vaqueros oscuros. Su ya oficialmente mujer, pues se habían casado hacía un año, después de que Angelica recuperara todos sus recuerdos, estaba enfundada en un vestido beige de corte recto que hacía resaltar el color moreno de su piel, fruto de unas vacaciones en alguna isla tropical.
Kevin abrazó a la chica con fuerza y pasó al interior mientras que Angelica y Ellie intercambiaban cumplidos y noticias. Steve se acercó a su viejo amigo y le rodeó con el brazo libre.
-Me alegro de verte, enano. –Dijo cariñosamente el ilusionista.
-¡Tío Kevin! –Exclamó el pequeño.
-¡Grandullón! –El mago agarró al niño y lo lanzó hacia el techo.- ¡Cuánto has crecido! ¿Cuántos añitos tienes ya?
-¡Cinco! –El pequeño reía mientras el mago le prestaba toda su atención. Host admiraba tanto a Kevin como a su padre y él siempre le brindaba trucos de magia que le dejaban maravillado. Las historias sobre el mago le habían convertido en la envidia de sus compañeros de clase.
-Vaya, vaya, que rápido creces.
-A ver cuándo os animáis vosotros. –Indicó Ellie mientras golpeaba el codo de Angelica con el suyo.- Tu chico parece estar preparado.
La muchacha se sonrojó intensamente y cruzó una mirada con su marido, que le sonrió de manera cómplice. Steve y Ellie se quedaron sorprendidos y todos se echaron a reír. Entonces, el timbre volvió a sonar, anunciando la llegada de su última invitada. Al abrir la puerta, Ellie se quedó perpleja, no sólo por el cambio de aspecto que había en la bruja, quién se había cortado el largo y precioso cabello hasta la altura de la barbilla, vestía un mono negro de perneras largas y escote de pico, y calzaba altos tacones negros; sino porque a su lado se encontraba un hombre alto y corpulento, de tez morena, con el cabello igual de largo que Jessica y ondulado, con los ojos azules y una gran sonrisa. Vestía una camisa blanca y unos pantalones vaqueros claros.
-Sentimos la tardanza, no sabíamos poner el GPS y nos hemos perdido dos veces. –Ellie se hizo a un lado para dejarles entrar. La bruja iba agarrada al brazo de su acompañante. Kevin y Steve se giraron hacia ella. La bruja clavó la fucsia mirada en los ojos heterocromos del ilusionista. Él le sonrió con ternura y ella le devolvió la sonrisa. Le había costado años y mucho sufrimiento, pero por fin había dejado atrás los sentimientos por Steve.- Este es Paolo, le conocí hace seis meses. Espero que no os importe.
Todos se acercaron a la pareja y les dieron la bienvenida, Kevin y Steve hablaron con Paolo mientras éste sostenía al pequeño Host, que se entretenía con los cordones de sus zapatos. Jessica, Angelica y Ellie se dirigieron a la cocina y trajeron el resto de cosas que faltaban por servir. Así, todos se sentaron a la mesa y comenzaron a comer, enfrascados en alegres conversaciones, lejos del triste sentimiento que producía aquel día.
Entonces, la silla en donde había estado sentado el pequeño Host cayó al suelo de golpe, interrumpiendo las conversaciones. Se oyeron los maullidos del gato de Ellie, el cual miraba fijamente bajo la mesa del comedor. Steve fue quién rompió el silencio de la mesa y se echó a reír. Todos los presentes le miraron sin comprender mientras Ellie se levantaba para buscar al niño que de pronto había desaparecido. Sin embargo, lo que ninguno de ellos vio, excepto a Steve, fue cómo Host se escabullía de la mesa e iba a la cocina para robar una de las porciones de pastel para después comérsela bajo la mesa. Claramente, si saber que había realizado una ilusión.
Aunque seguía riéndose, metió las manos bajo la mesa y sacó al niño para sentarlo sobre sus rodillas. El pequeño, sorprendido, miró a sus padres con ojos de cordero para que no le riñeran. Sin embargo, los dos reían, al igual que todos los demás.
-¡Tenemos un nuevo G-Host en la familia! –Exclamó Kevin- Ese fantasma es una caja de sorpresas.
La pronta realización de ilusiones por parte del pequeño les había dejado sorprendidos. Ninguno de ellos esperaba que sus poderes despertaran tan pronto. Aquel suceso animó aún más la velada y todos comenzaron a contar anécdotas divertidas y apropiadas sobre sus poderes.
Steve miró tiernamente a su hijo mientras escuchaba las historias del resto. Su cabeza voló hasta el pasado, al momento en que había apodado al oráculo G-Host, porque, según él, era tan raro e invisible como un fantasma. Aunque en aquel momento fue ofensivo, pasó a ser un nombre cariñoso que provocó en él un sentimiento de añoranza y de gratitud. Besó la cabeza del pequeño y esbozó una sonrisa.
“Gracias, amigo”.

Y así, los tres linajes pudieron continuar su vida, sin atarse a un destino y construyendo su propio camino. El futuro sería incierto, pero a veces había que correr riesgos para comenzar la aventura más excitante de todas. Vivir. 



Nosotros vamos a morir, y eso nos convierte en los afortunados. 
La mayoría de la gente nunca va a morir porque nunca nacerá. 
Las posibles personas que podrían haber estado aquí en mi lugar,
pero que de hecho nunca verán la luz del día, excede en número 
a los granos de arena del desierto del Sahara. 
Seguramente aquellos fantasmas sin nacer incluyen 
poetas más grandes que Keats, científicos más grandes que Newton. 
Nosotros sabemos esto porque el conjunto de posibles personas 
permitidas por nuestro ADN excede tan masivamente al conjunto 
de personas reales. A pesar de estas asombrosas posibilidades 
somos tú y yo, en nuestra normalidad, los que estamos aquí. 
Nosotros, los pocos privilegiados, que ganamos la lotería 
de la vida en contra de todas las posibilidades, ¿cómo 
nos atrevemos a lloriquear por nuestro inevitable regreso 
a ese estado anterior del cual la inmensa mayoría nunca ha despertado? 


- The Greatest Show on Earth (Nightwish)

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