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Y.U.R.G.S. -Epílogo-

Dos años después.
Los pasos resonaban en todo aquel desierto pasillo como si una legión de soldados estuviera dentro del castillo. La luna se alzaba en el cielo, resplandeciendo y brindando una fría luz a todo el reino. Hacía buena temperatura en el exterior, pues se acercaba el verano, a pesar de que un molesto viento se había levantado desde el anochecer y había arremetido contra la piedra del castillo. Se oyó un grito. De nuevo comenzaron los pasos nerviosos, recorriendo el pasillo mientas el silbido del aire trataba de amortiguar aquel sonido. Aquella persona estaba alterada, movía las manos continuamente y murmuraba cosas inteligibles por lo bajo, como hablando un idioma extraño para sí misma. Cinco segundos más tarde, se volvió a quedar parada frente a las puertas dobles de madera que estaban flanqueadas por dos grandes antorchas de piedra. El nerviosismo le hacía sudar más que el calor que desprendía el propio fuego. Un segundo alarido de dolor llegó hasta sus oídos.

Ilusionist Rose -Cap. 12-

Sus manos soltaron la ropa del oráculo y se apartó de sus compañeros unos pasos mientras analizaba la situación. Se pasó las manos por el cabello y trató de controlar la respiración. Se mordisqueó el labio con fuerza hasta provocarse una pequeña herida en él.
-¿P-Por qué? ¿Cómo ha podido pasar? –Preguntó. Tenía la voz rota y luchaba para que no le temblara. Se volvió hacia G-Host.- ¡Contesta!
-Ellie fue a buscarte, había saltado la alarma y G-Host vino a salvarnos a nosotros, Steve. –Kevin había hablado para que la ira de su amigo no cayera sobre el oráculo. El pobre muchacho ya se sentía lo suficientemente culpable sin que estuviera Steve para clavar el dedo en la llaga.- Fue su decisión.
-Ahora está en su poder, Steve, no se puede hacer nada. Debemos encontrar a Angelica y salir de aquí lo antes posible. –Murmuró el pelirrojo, apartando la mirada de sus compañeros.

Steve sintió un irritante pitido en los oídos mientras la cabeza le daba vueltas, dio un par de pasos hacia atrás hasta quedarse apoyado en la camilla y respiró hondo. Notaba una fuerte opresión en el pecho que le impedía respirar con normalidad. Incluso sentía cómo le ardían las lágrimas en los ojos, deseosas de salir. Jessica se acercó a él, con un nudo en la garganta y le rodeó los hombros con el brazo izquierdo. La muchacha, enamorada de él desde que era una niña, siempre había querido que sus sentimientos por ella fueran tan intensos como lo eran por Ellie. Pero sabía que nunca iba a ser correspondida.
La bruja soltó un suspiro y miró hacia G-Host y Kevin.
-Tal vez podríamos buscar a Ellie, tratar de salvarla antes de que sea demasiado tarde. Si llegamos a tiempo podremos recuperarla, ¿no? –El oráculo clavó sus ojos en los suyos. Ella buscaba alguna esperanza para que Steve dejara de sufrir. Pero negó con la cabeza.
-Debemos salir de aquí. El Proyecto Pandora se ha puesto en marcha.

La sala había estallado en júbilo cuándo Ellie había reaccionado bien al tratamiento, los médicos se abrazaban los unos a los otros, felicitándose por el trabajo realizado. La madre de la muchacha estrechaba con fuerza a su hija, orgullosa de los resultados que habían obtenido. Sin embargo, solo una persona se mantenía al margen de tanta alegría. Marco, el padre de Ellie, se había quedado de piedra al ver que el rostro tan dulce de su pequeña se había convertido en una máscara siniestra que helaba la sangre. Ahora, los ojos de la muchacha habían vuelto a su marrón original pero mantenía aquella terrible sonrisa.
La mujer separó a su hija y la observó de arriba abajo con una gran sonrisa en los labios.
-¿Cómo te encuentras, pequeña?
-Mejor que nunca, madre, siento cómo la fuerza recorre mi cuerpo y mi poder crece. Me siento… invencible.
-Oh, cariño. –Sus brazos volvieron a envolver a la muchacha.- Debemos hacerte pruebas, ver cuánto potencial tienes, hacerte analíticas…
-¿Quieres ver mi potencial, madre? –Susurró. Sus ojos marrones, ahora sin vida, se volvieron plateados lentamente mientras las manos de la chica agarraban la espalda de su madre. El cuerpo de la mujer comenzó a tensarse y trató de separarse de ella, pero la fuerza de su hija era mayor.- La próxima vez que crees a un monstruo, asegúrate de que puedas controlarlo.
Las manos de Ellie se encendieron. Todo el mundo retrocedió en cuánto su madre comenzó a proferir gritos de dolor. La tela de su chaqueta comenzó a arder, al igual que la camisa de debajo. Los médicos salieron corriendo de la sala y dieron la alarma para alertar a todo el complejo. Incluso su padre, conmocionado, fue llevado fuera de la sala. Ellie soltó a su madre, que cayó al suelo y se deshizo de sus quemadas ropas. La estancia fue cerrada a cal y canto. La ilusionista se acercaba a su madre, sonriendo. Ésta se iba arrastrando por el suelo para alejarse de ella.
-Ellie, por favor, soy tu madre, no puedes hacerme esto. –La espalda de la mujer estaba llena de quemaduras que dejaron su fina piel en carne viva.- T-Te di la vida.
La muchacha le propinó una patada en la cara y le pisó el cuello con la bota. Su madre gimoteó, incluso se le escapaban algunas lágrimas.
-Silencio. –Se agachó, retirando el pie de su cuello, y la agarró, elevándola hasta que no tocara el suelo.- Tú. Vas a pagar…  por todo. -De nuevo, la mano de la muchacha se convirtió en un hierro al rojo vivo. La piel de la garganta comenzó a oscurecerse y desprenderse, mientras los gritos de su madre satisfacían a la muchacha. El cuerpo convulsionaba. El fuego de Ellie consumía la piel de su madre, cuyas quemaduras se extendía por todo su cuerpo. Pronto se quedó sin voz mientras la piel de su rostro se consumía lentamente. Su cuerpo dejó de tener fuerza y se quedó inerte. Ellie abrió la mano y el humeante cadáver cayó al suelo.
Sin remordimiento alguno, la muchacha se giró y se dirigió a la puerta, la cual poseía un sistema de seguridad que impedía que fuera abierta desde dentro. Sin embargo, nada podía parar su poder. Abrió la palma de la mano izquierda y la apoyó en el metal de la puerta. Con un chasquido, el metal fue arrancado de las bisagras y lanzado a varios metros del marco de la puerta. Esbozó una gran sonrisa y comenzó a andar por el pasillo.

Habían encontrado la celda dónde Angelica había sido retenida, la puerta de ésta, obviamente cerrada y a prueba de cualquier hechizo de apertura, impedía al grupo salvar a la muchacha. Los conocimientos de G-Host para forzar cerraduras eran básicos, aun así el chico introdujo los alambres y comenzó a moverlos para abrir la puerta.
-Vamos, G-Host, ¿no puedes hacerlo más rápido? –Insistió por tercera vez el mago. Kevin, cuyo temperamento era suave, amable y paciente, estaba hecho un manojo de nervios. Sus dedos daban golpecitos rítmicos sobre el cañón del arma que irritaban a todos los presentes.
-Kevin, lo estoy intentando, deja de meterme prisa, por favor.
Un pitido ensordecedor comenzó a sonar a través de los altavoces que había instalados en cada esquina del complejo. Todos y cada uno de los presentes se tapó las orejas para atenuar aquel molesto pitido hasta que se acostumbraran a él. G-Host dejó caer los alambres y apoyó las manos en el suelo. La escarificación de su rostro comenzó a brillar con fuerza. Pudo ver cómo Ellie asesinaba a los guardias que se encontraba en el camino. Su ropa estaba manchada de sangre, al igual que sus manos, y sus ojos eran de un color parecido a los suyos.
-¿G-Host? –Preguntó Jessica, que trataba de levantar al muchacho. Parpadeó varias veces y sacudió la cabeza.
-Ellie se está abriendo paso hacia la superficie. Si llega a la ciudad, la arrasará. Debemos pararla. –Apoyó las manos en la puerta y se incorporó con ayuda de la bruja.
-No podemos irnos sin Angelica. –Kevin se acercó al oráculo con los ojos desorbitados, llenos de preocupación. El muchacho levantó la cabeza justo cuando se oyó un grito.
Steve había cogido carrerilla y se lanzaba contra la puerta con todo el peso de su cuerpo. Sus tres compañeros se quedaron helados en el sitio al ver cómo el ilusionista cargaba contra ella una y otra vez. Tras el cuarto golpe, la puerta cedió y cayó al suelo. Steve se apoyó en la pared y se acarició el hombro derecho.
-¿Podéis dejar de parlotear? Tenemos cosas que hacer.
Kevin y Jessica entraron en la estancia para encontrar a Angelica. La muchacha, una mujer bella y dulce, con facciones suaves y tierna sonrisa, estaba agazapada en el suelo de la estancia. El mago adelantó a su amiga y se arrodilló junto a su amada. La cogió tiernamente hasta apoyarla en su regazo y le acarició el pelo, tan bien peinado en las fotos y tan sucio tras el cautiverio. La chica abrió los ojos lentamente. Tenía moratones tanto en el rostro como en el cuello y los brazos, algún corte en la frente, pero nada preocupante.
-Angelica… -Susurró el muchacho mientras besaba con dulzura su frente.- Hemos venido a salvarte. -Todos los allí presentes sabían que la chica no recordaba haber compartido varios años de su vida con el mago. Sus recuerdos, tanto físicos como mentales, fueron borrados para proteger la identidad de la chica de la misma corporación que la había retenido. Uno de los sacrificios que todos debieron de hacer.- Steve, coge el arma. –Kevin le tendió el fusil con el que G-Host le había armado y cogió a la muchacha en brazos. Pesaba mucho menos de lo que recordaba.
-Salgamos de aquí.  
Dejaron atrás aquella apestosa celda y recorrieron los solitarios pasillos lo más rápido que podían. Debían de llegar a la superficie para interceptar a Ellie antes de que pudiera hacer daño a alguien. Nadie en el grupo abría la boca, pues el ruido de los gritos que precedían a la presencia de la ilusionista llegaban hasta ellos. Steve echó abajo la puerta de servicio y subieron por las escaleras rápidamente, cuándo se oyeron voces en los pisos superiores. Los soldados, asustados, habían tomado el mismo camino que ellos y subían las escaleras a todo correr para llegar los primeros a la superficie.
-No llegaremos. –Indicó Jessica, que se apoyó en la barandilla para recuperar el aliento. Kevin colocó en el suelo a Angelica y se agachó a su lado mientras se secaba el sudor de la frente.
-Cerrarán el paso antes de que lleguemos, no hace falta ser oráculo para saberlo. –Steve respiró hondo, pasándose las manos por el cabello.- Debemos salir por otra parte. –Sus ojos se encontraron con la plateada mirada de G-Host, quién asintió.
-Tu pasadizo sigue en buenas condiciones, podemos llegar a la base y observar, allí estaremos seguros.
-¿Y qué va a pasar con Ellie? ¿Acaso vas a dejar que se convierta en un monstruo? –El ilusionista frunció el ceño mientras mascullaba esas palabras. Tenía los puños cerrados y apretados.
-Ya lo es, Rose, ¿acaso sabes cómo vencerla? –El pelirrojo se estiró y apartó la mirada.- Nosotros no podemos hacer nada, todos los sabéis. Dudo que deje que nos acerquemos a ella y mucho menos que la matemos. Sería la única forma de acabar con todo esto…
-No. –Cortó Steve bruscamente. Todos los allí presentes alzaron las miradas para observar el decidido rostro del muchacho. Éste tragó saliva y dejó escapar el aire.- Siempre hay una manera. No pienso abandonarla.
-Morirás. –Dijo G-Host bajando el tono de voz.
-Pues moriré luchando por alguien a quién amo.
Aquellas fueron las últimas palabras del muchacho antes de que agarra el arma y siguiera subiendo por las escaleras, decidido a encontrar una manera de detener a su esposa. Jessica, Kevin y G-Host se quedaron callados, mirándose los unos a los otros. Sin mediar palabra, G-Host ayudó al mago a cargar con Angelica y se pusieron en marcha, dirigiéndose al pasadizo por el que tiempo antes había llegado con Ellie.
Los pasillos que recorrían estaban desiertos, sólo los cuerpos sin vida de algunos soldados se amontonaban en ellos. Pasaban a su lado, tratando de no pisarlos o tropezar, bajo la luz roja que fue activada junto con la alarma. La gran mayoría de los niveles debían de estar ya desalojados o en pleno proceso, por lo que podían avanzar sin preocupaciones. Llegaron, entonces, hasta los servicios. Sacaron la alcantarilla y saltaron a su interior, ayudando a bajar a Angelica con mucho cuidado. Una vez en los túneles, G-Host realizó el camino de vuelta hasta la base, seguido de sus compañeros.

Mientras, Steve había llegado al nivel 2 del complejo. Caminaba despacio, pendiente de los ruidos que pueda haber. Mantenía el cañón del arma alzado, apuntando con él a todas las esquinas. Su mente trabajaba rápidamente para trazar un plan. ¿Qué debía hacer? ¿Encontrar a Ellie y hacerle frente? Continuó andando, internándose en el área experimental. Los laboratorios estaban completamente vacíos, los científicos debían de haber salido de allí rápidamente tras haber dado la alarma. El muchacho siguió su camino con sus ojos observando cada detalle cuándo encontró los cuerpos sin vida de al menos diez soldados. Se movió sigiloso hacia ellos, se agachó junto a uno y le dio pequeños golpecitos con su arma, pero no reaccionaba. Alzó la cabeza y frunció el ceño, entrecerrando sus ojos. A un par de metros del grupo había una puerta metálica tirada en el suelo. Sin perder el tiempo, se incorporó y caminó hacia ella, aunque pasó de largo al ver el hueco en el que anteriormente habría estado dicha puerta. Sin embargo, no esperaba encontrar aquella desagradable escena.
A pasar al interior de la estancia, tuvo que contener una arcada al ver un cadáver calcinado, con restos de piel en algunas partes del cuerpo. Tragó saliva y apartó la vista, su mirada pronto se fijó en una de las cámaras de seguridad que estaba instalada en la esquina.
Tras unos minutos tratando de tirar abajo la puerta de la sala de vigilancia, buscó rápidamente el monitor que correspondía con la estancia del cadáver. Dejó apoyada el arma en la mesa y tomó asiento mientras configuraba el vídeo para mostrarle los momentos previos. Las imágenes comenzaron a sucederse. Observó el momento en que habían trasladado a Ellie y la habían atado a la camilla, después su transformación y descontrol; por último, pudo observar el poder de la muchacha sobre su madre. Apagó el monitor y cerró los ojos, soltando un suspiro.

-¡Vamos! ¡Daros prisa! –La voz de Marco, el padre de Ellie, se oía en todo el andén. Allí se encontraba la única salida del complejo. Se trataba de un pequeño vagón metálico con puertas de seguridad que subía a la superficie a través de un estrecho túnel. Todo el personal que quedaba se encontraba allí, mientras los guardias esperaban el momento en que todo el mundo estuviera a salvo para bajar la pared blindada y poner en marcha el tren. Sin embargo, los ojos del científico vislumbraron en el fondo del pasillo la rubia cabellera de su hija. Tragó saliva. Saltó del tren y atravesó corriendo la distancia que le separaba de la entrada al andén. Apartó de un empujón a uno de los guardias y apretó el botón. Poco a poco, provocando el pánico entre los que querían cruzar, el bloque de metal macizo bajaba del techo.
Entre los gritos, todos corrían hacia el tren para poder salir de allí lo antes posible. El bloque metálico retumbó cuando chocó contra el suelo. Todos aquellos que se quedaron fuera del andén golpeaban el metal con fuerza. Sus gritos y súplicas fueron sustituidos por fuertes alaridos de dolor, que se fueron apagando uno a uno hasta que reinó el silencio.
Una vez que todos estuvieron montados en el tren, los soldados cerraron las puertas blindadas del vehículo y lo pusieron en marcha. Poco a poco, cogía velocidad y avanzaba por los raíles. El túnel, estrecho, estaba iluminado intermitentemente por unas luces blancas en los laterales. Marco se apoyó en su asiento y respiró hondo. Sus ojos fueron directos al maletín que le acompañaba, éste era metálico, de color claro, con una cerradura numérica, cuya contraseña sólo sabían unas pocas personas.
Se oyó un fuerte golpe. La puerta trasera del tren estaba ligeramente abombada hacia el interior. Marco se levantó de su asiento y se acercó. Apoyó las manos a ambos lados de la puerta y observó a través del cristal. Cada cierto tiempo, el túnel se iluminaba. Entrecerró los ojos para poder observar lo más profundo del túnel. Allí, en la oscuridad, vio una figura. Los ojos plateados se clavaron en los de aquel hombre. Soltó un grito y se apartó bruscamente.

G-Host, Jessica y Kevin habían llegado a la base hacía rato. El pelirrojo se acercó a los monitores y comprobó el estado del complejo. Ya nadie quedaba en su interior, solo veía cadáveres esparcidos por los pasillos. Ni siquiera era capaz de encontrar a Steve. La bruja se mantenía a su lado, apoyada en una de las mesas, mientras en androide de G-Host le curaba las heridas que le habían provocado las máquinas de drenaje. Mientras, Kevin se había retirado a una de las habitaciones adjuntas a la base que solían utilizar para pasar la noche, tumbó a Angelica en una de las camas y le arropó con las mantas. Tomó asiento a su lado y le acarició la frente con la yema de los dedos.
La muchacha abrió los ojos lentamente, Kevin observó aquel iris azulado con ternura. Ella frunció el ceño. Se encontraría mareada y confusa. Clavó la mirada en los ojos del mago y abrió la boca para hablar, pero Kevin colocó dos dedos sobre sus ajados labios.
-Tranquila, estás a salvo. Te hemos sacado de aquel lugar, ya no te harán daño. –Susurró, retirando un par de mechones de su rostro. Observarla le provocaba un intenso dolor en su corazón. Sus sentimientos por ella no habían cambiado ni un ápice, sin embargo, sabía que su amada no lo recordaría. Él mismo había modificado su memoria para protegerla y aun así, le habían hecho daño. Angelica alzó la mano izquierda para acariciar su rostro.
-¿Q-quién…eres? –Murmuró. Sus ojos recorrían el rostro del muchacho. Había algo en él que le resultaba familiar. Recorrió con los dedos su frente, sus cejas, sus ojos y su nariz. Siguió por sus labios y dejó quietos los dedos sobre ellos. Sus ojos también los observaba. Un brillo de esperanza apareció en los verdosos ojos del muchacho, quién esbozó una sonrisa tierna y cogió la mano de la muchacha.
-Me llamo Kevin, Kevin Poppy. –Llevó su mano a los labios para besarla delicadamente. Las mejillas de la chica se encendieron.
-Yo…
-Angelica. –Se apresuró el chico. La muchacha asintió, evidentemente confusa.- Es una historia muy larga.
-¡Kevin! ¡Ven a ver esto! –Gritó Jessica.
-Cuando todo esto acabe, te lo contaré. –Soltó a la chica y se incorporó.-  Ahora debes quedarte aquí, Alfa cuidará de ti. Aquí estás a salvo. –Le brindó una preciosa sonrisa antes de salir de allí y arrimar la puerta.
Se dirigió a donde G-Host y Jessica se encontraban, y se colocó a su lado, observando las pantallas encendidas que había frente a ellos. La muchacha estiró el brazo y señaló a la central. Kevin frunció el ceño y se acercó. Abrió los ojos y dejó escapar el aliento. La imagen que allí había era aterradora. Se trataba del andén de entrada al complejo que se encontraba en la superficie. El tren había descarrilado en la entrada, las puertas de éste habían sido arrancadas o abiertas por la fuerza. Fuera, en el suelo, se amontonaban los cadáveres, algunos calcinados, otros descuartizados. Todo era polvo y sangre. El rastro se perdía a través de las puertas principales y escapaba al exterior.
-Santo dios… -Susurró Kevin.
-Es un monstruo… -Indicó Jessica, con los ojos abiertos de par en par, observando la escena.
-G-Host, no podemos dejar que arrase la ciudad. Si su poder sigue aumentando será capaz de destruir el mundo. –Señaló con el dedo hacia la pantalla.- ¿Ese es Steve?
Los tres se quedaron observando cómo el ilusionista paseaba por el andén, mirando la escena de muerte que su esposa dejaba allí dónde estaba. Sin perder un momento, el muchacho salió corriendo por las puertas principales.
-No podemos dejar que se enfrente a ella solo. –Exclamó Jessica, nerviosa.- Debemos ir con él. –La bruja y el mago se giraron hacia su compañero, esperando una reacción por su parte. G-Host se levantó de la silla, miraba cada imagen que proyectaban las cámaras de seguridad del complejo. Entrecerró los ojos y observó una de ellas, un recuadro en la esquina superior izquierda. La imagen mostraba a las Hermanas de Ellie encadenadas a las máquinas de drenaje.
-Preparaos. –Dijo de repente.- Iremos a por refuerzos.

Caminó entre cadáveres hasta las puertas principales del complejo. El edificio era un enorme almacén para evitar llamar la atención, por lo que no se extrañó que al salir estuviera a las afueras de la ciudad.
-N-no podrás… -El muchacho se giró para observar a un hombre, éste tenía el uniforme de médico manchado y ensangrentado por las heridas que había en su cuerpo. Su rostro estaba pálido. El chico se acercó a él y se arrodilló delante. Le agarró del rostro y frunció el ceño.
-Vaya, vaya. Las adolescentes son difíciles de controlar, ¿eh? Más aún cuando las conviertes en monstruos o le haces vivir una mentira.
-Tú y yo no somos tan diferentes… -Tosió y escupió sangre.- ¿Acaso tú le has brindado una vida lejos de las mentiras? ¿Una vida real? –Dejó escapar una carcajada.- No… Tú le has mentido, le has ocultado su origen, su historia. Eres tan culpable como yo. –Le miró con cierto desprecio. Steve le propinó un fuerte golpe en la mandíbula.
-Cierra la boca, cerdo.
-Vais a morir todos.
-Siempre hay una solución. –El muchacho se incorporó mientras Marco reía, escupió sangre y cerró los ojos.
Steve se apartó del malherido hombre mientras trataba de pensar qué hacer. Alzó la mirada hacia el horizonte esperando ver algo que pudiera ayudarle a pensar, sin embargo, sus heterocromos ojos se clavaron en una figura que avanzaba lentamente. Apretó los puños y respiró hondo. Tensó la mandíbula y cerró los ojos durante unos segundos. Tras abrirlos, comenzó a caminar en dirección a la persona que se acercaba. Sus ojos se fijaron en cada facción de su dulce rostro, manchado por la sangre; en su cabellera rubia corta con la coleta china cayéndole por la espalda, en sus ojos castaños grandes y profundos, en los cuales se podía perder durante horas; en sus labios carnosos, anteriormente suaves, ahora ajados; en su cuerpo delgado y frágil que guardaba en su interior una increíble fuerza. Observaba a aquella mujer con tristeza. Nunca se habría imaginado que fuera así como acabara todo, pero debía hacerlo. Tenía que luchar. Luchar por ella.

Aquel sería su sacrificio. Y no habría vuelta atrás.

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