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Y.U.R.G.S. -Epílogo-

Dos años después.
Los pasos resonaban en todo aquel desierto pasillo como si una legión de soldados estuviera dentro del castillo. La luna se alzaba en el cielo, resplandeciendo y brindando una fría luz a todo el reino. Hacía buena temperatura en el exterior, pues se acercaba el verano, a pesar de que un molesto viento se había levantado desde el anochecer y había arremetido contra la piedra del castillo. Se oyó un grito. De nuevo comenzaron los pasos nerviosos, recorriendo el pasillo mientas el silbido del aire trataba de amortiguar aquel sonido. Aquella persona estaba alterada, movía las manos continuamente y murmuraba cosas inteligibles por lo bajo, como hablando un idioma extraño para sí misma. Cinco segundos más tarde, se volvió a quedar parada frente a las puertas dobles de madera que estaban flanqueadas por dos grandes antorchas de piedra. El nerviosismo le hacía sudar más que el calor que desprendía el propio fuego. Un segundo alarido de dolor llegó hasta sus oídos.

Tiempo. Escrito por un amigo anónimo.

El tiempo es un continuo devenir. Los acontecimientos se suceden como simples notas musicales, forman una armonía en la que el orden y la reproducción reinan por su excelencia. Sin embargo, los alemanes afirmaron que el tiempo es relativo… ¿no? Eso creían ellos. Luego, otros, creían que el tiempo era creado por los hombres, un producto de nuestra consciencia. Qué queréis que os diga, si ambos no llevan la razón. El tiempo…bueno, es tiempo. No tiene más. Jugamos con el tiempo a todas horas, unas veces lo cronometramos y otras veces nos adelantamos a ellos, unas veces para fardar de tal utilidad y, en otras ocasiones, para arreglar algo. Sinceramente, el tiempo tiene muchos usos. Yo doy un uso no dado al tiempo. Yo lo convierto en energía. Ese soy yo. Un hijo del tiempo. Un producto de aquel gran pistoletazo de salida. ¿Cómo puedes llamarme dices? Bueno. Los griegos me llaman Crono. Otros me llaman eco. Ya os lo dije, soy continuo movimiento, normal que la gente me de distintos nombres. No soy de aquellos que viajan en busca de un nuevo mundo que descubrir, o un lugar del que salvar de la oscuridad. Soy un ente omnipresente con la capacidad de observar. Observar, sí. Esa es mi función. Ese es el uso que le doy a esta energía. Observar el momento, vigilarlo, contemplarlo. De aquí deriva todo mi ser, mi existencia. Un ente nacido en el tiempo que vive en el tiempo, para acabar en el tiempo. ¿Tengo inicio? ¿Tengo fin? Vosotros creéis que surgí con el Bang, pero… ¿antes de eso fluía algo? ¿Acaso no había nada? ¿Somos linealidad o un círculo vicioso? Queréis la respuesta, lo sé. Debéis de observar, como yo. Vigilar y contemplar el tiempo.

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