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Y.U.R.G.S. -Epílogo-

Dos años después.
Los pasos resonaban en todo aquel desierto pasillo como si una legión de soldados estuviera dentro del castillo. La luna se alzaba en el cielo, resplandeciendo y brindando una fría luz a todo el reino. Hacía buena temperatura en el exterior, pues se acercaba el verano, a pesar de que un molesto viento se había levantado desde el anochecer y había arremetido contra la piedra del castillo. Se oyó un grito. De nuevo comenzaron los pasos nerviosos, recorriendo el pasillo mientas el silbido del aire trataba de amortiguar aquel sonido. Aquella persona estaba alterada, movía las manos continuamente y murmuraba cosas inteligibles por lo bajo, como hablando un idioma extraño para sí misma. Cinco segundos más tarde, se volvió a quedar parada frente a las puertas dobles de madera que estaban flanqueadas por dos grandes antorchas de piedra. El nerviosismo le hacía sudar más que el calor que desprendía el propio fuego. Un segundo alarido de dolor llegó hasta sus oídos.

Ilusionist Rose -Cap. 8-

G-Host abrió los ojos de golpe, se había quedado dormido en aquella posición, la silla era cómoda, de cuero negro, y algo acolchada, pero dormir en ella no era recomendable. El chico se incorporó y se masajeó el cuello y la nuca, a la vez que lo movía, hasta oír un pequeño crujido. Se levantó para estirar su largo cuerpo y se pasó una mano por el cabello, peinandolo hacia atrás, mientras bajaba la mirada hacia la mesa para fijarla en la vieja foto que había sacado del libro que había traído Ellie. Observó los rostros de sus amigos detenidamente, son embargo, al llegar a Steve, apartó la mirada y se dirigió hacia la puerta.
-Siempre me deja a mí sus marrones. -Susurró para sí. Salió de su estudio y fue directamente a la habitación donde Ellie se había encerrado. Abrió lenta y cuidadosamente la puerta, asomó la cabeza y observó el pequeño bulto que había bajo las sábanas. El chico soltó un leve suspiro y entró. Se sentó en el borde de la cama y respiró hondo, escuchando los suaves gimoteos que la chica hacía.
Apenas conocía a Ellie, nunca antes había hablado con ella y sólo sabía lo básico, pero no podía dejar que se deshiciera en lágrimas después de la acalorada discusión de antes aunque todo lo que el chico dijo fuera cierto. Se sentía mal por ella.

-Lo siento, he sido muy bruto a la hora de hablar. No pretendía hacerte daño.
-¿Es cierto? -Interrumpió la chica entre sollozos, aunque intentaba aguantar las lágrimas.
-¿El qué? -Ellie se destapó la cabeza y clavó su mirada marrón llena de lágrimas en la de G-Host. El chico observó su rostro, tenía la nariz moqueante, las mejillas enrojecidas y húmedas por las lágrimas. El labio inferior le temblaba, al igual que las manos. Al verla en aquel estado, quería decirle que no era cierto, pero no se merecía más mentiras, así que se limitó a asentir. La muchacha se llevó una mano temblorosa al pelo para después limpiarse la nariz. Acto seguido, se quitó el anillo del dedo anular, lo dejó en la mesilla de noche, se hizo un ovillo y enterró el rostro en la almohada.
G-Host la observó en silencio, se mordió el labio y le puso la mano en el hombro.
-Ellie...Steve te ama.
-¿¡Cómo lo sabes!? -Exclamó, estaba en un estado de nerviosismo extremo, al borde de la ansiedad. El muchacho la agarró de los hombros para incorporarla en la cama hasta sentarla.
-Mira, sé lo que dije, pero...
-Es cierto -Alzó la mirada hacia él, interrumpiéndole de nuevo.- Dijiste que eran ciertas tus palabras y Steve no lo desmintió. -Se tapó la cara con las manos.- Tienes razón... mi vida es una puta mentira, no conozco al hombre al que amo. Me ha estado engañando como a un niña. -De nuevo, comenzó a llorar. G-Host se acercó, la abrazó y acarició su cabeza. El chico tenía un nudo en la garganta, no sabía como consolarla porque no era bueno en este tipo de situaciones y menos con personas que acaba de conocer.- ¿P-por qué? ¿Por qué lo hizo? -G-Host suspiró.
-Sé por qué lo hizo, pero no puedo decírtelo, eso no me atañe. Es algo entre vosotros. Debes preguntarle a él. -La chica negó con la cabeza y se abrazó a él con más fuerza.- Debes esperar, pronto sabrás toda la verdad.
-¿Y si me miente?
-No... -La separó y la miró con seriedad pero también con cierto cariño.- Sé que no va a mentirte nunca más. -Se levantó de la cama y se dirigió a la puerta.- Tienes todo el derecho del mundo a odiarle pero debéis hablar. Sin embargo, yo no puedo obligarte a hacerlo, tú decides, si quieres hablar con él y saber la verdad, iremos juntos a rescatarle, si no quieres... Te llevaré a casa y me iré a por Jessica y Kevin. -La miró desde el umbral antes de salir.- Tú decides. -Y cerró la puerta.
La chica se quedó en silencio, limpiándose las lágrimas con las manos, miró el plateado anillo sin decoración que había dejado sobre la mesa, regalo de Steve. Se volvió a tumbar y se arropó. Oyó unos suaves pasos que se acercaban, sacó la cabeza de debajo de las mantas y miró al suelo. Allí se encontraba el gato, que debió de haberse colado cuando G-Host abrió la puerta. Los ojos del felino la miraban fijamente con aquellos colores tan conocidos. Se tapó de nuevo la cabeza con las mantas.
-Vete. -Dijo sin más. El felino la miró durante unos segundos antes de fijarse en la mesilla de noche, donde vio el anillo de plata, brillando. Bajó las orejas y dejó escapar un ruidito que transmitía tristeza y dolor. Se apartó de la cama y se tumbó junto a la puerta. Cuando Ellie se destapó y miró al gato, éste ya no tenía los ojos de Steve.
"La chica abrió los ojos, estaba en la cama, arropada hasta la nariz con las mantas. Observó alrededor sin moverse, todo lo veía en blanco y negro. Se destapó y miró hacia la mesita de noche pero el anillo no estaba allí, ni en su mano, así que comenzó a buscarlo con cierta desesperación.
-No lo has perdido. -La voz de Steve la sobresaltó. Se quedó mirando al chico, quién observaba el anillo de Ellie con un intenso dolor en la mirada. El chico no se atrevía a mirarla.- Me acuerdo del día en que te lo dí, me abrazaste y empezaste a llorar, me llenaste la cara de besos. -Esbozó una leve sonrisa nostálgica que borró en cuestión de segundos.- Eras tan feliz... -Cogió una gran bocanada de aire.- También recuerdo el día en que nos conocimos. Te quité a ese degenerado de encima. - Apretó el anillo en su mano y bajó la cabeza, cerrando los ojos con fuerza.- Es cierto que te llevaba siguiendo meses. Te observaba de lejos, me viste muchas veces, no llegabas a comprender por qué aparecía en todos lados, pero nunca me metía en tu vida, era un mero espectador. -Hizo una pequeña pausa y tragó saliva.- Te odiaba, ¿lo sabías? Te odiaba con todas mis fuerzas, nunca había odiado así a una persona con la que nunca había hablado. Pero, aquella noche... -Soltó un suspiro.- No pude dejarte a tu suerte, nadie salvo yo tenía derecho a hacerte daño, eras de mi propiedad, por eso te defendí. Pero... cuando miré tus ojos, llorosos, tu tembloroso labio y cuando noté cómo me abrazabas, haciendo que tu olor impregnase mi ropa y calase en el interior de mi alma... Me enamoré de ti. -Se pasó una mano por el pelo y dejó caer el anillo al suelo.- ¡Siempre quise contarte la verdad! Pero tenía demasiado miedo de perderte, el hecho de ocultarte mi vida... y la tuya, fue un gran error y ahora estoy pagando por ello. -Se giró hacia la chica, levantando la cabeza y abriendo los ojos, se acercó rápidamente y le cogió las manos. La desesperación se leía en su rostro. Ellie se quedó quieta, como paralizada.- Te amo, Ellie, te amo tal y como eres, deseo estar toda mi vida contigo... si tu aún quieres.- La chica se mantenía en silencio.- Te necesito más que a nada en el mundo. -Le apretó un poco.- Tienes que dejar que me sincere contigo, que te lo cuente todo, antes de decidirte, por favor... -El chico se quedó callado, mirando el rostro de la mujer que amaba, quién se mantenía quieta. Steve se inclinó hacia ella lentamente, Ellie no se apartaba ante aquel lento movimiento, así que el chico rozó sus labios con los suyos. Ambos se fundieron en un lento y dulce beso, el chico le acariciaba el rostro con las yemas de los dedos. Un momento después, apoyó la frente en la de la chica y cerró los ojos.- Te amo. -Susurró muy bajo. Poco a poco fue desapareciendo. Ellie abrió los ojos para ver aquel lento proceso, alzó la mano y le atravesó la mejilla con los dedos."
El amanecer llegó en un abrir y cerrar de ojos, el sol iba cruzando el cielo según pasaban las horas, pero Ellie no despertaba o no quería hacerlo. Sin embargo, su estómago comenzó a rugir con fuerza. Llevaba tiempo sin comer aunque no se había dado cuento de ello hasta ese momento. Se quitó las mantas y se levantó con cuidado para no dañarse las heridas. Salió de la cama y se dirigió a la puerta, la cual abrió tratando de no hacer ruido para no despertar al gato, que dormía a los pies de su cama.
Salió de la habitación y, en seguida, llegó a su nariz un dulce olor. Caminó hasta la cocina, allí G-Host leía el periódico mientras tomaba una taza de café. Alfa, el androide, estaba colocando galletas, churros y trozos de pan en un plato para dejarlo junto a un gran tazón de chocolate caliente.
-Siéntate, será mejor que no se te enfríe, además, tienes hambre. -Ellie pasó y se sentó, cogió la cuchara y tomó una cucharada del dulce líquido. Después, cogió una galleta y la mojó en él.
-¿Por qué lees el periódico si ya sabes qué va a pasar? -G-Host tomó un sorbo de su café sin alzar la vista.
-Que sea un oráculo no quiere decir que esté utilizando mi poder continuamente, sería agotador. Además. -Volvió a beber y pasó la página.- Es lo que los humanos hacen, no es una mala costumbre.
-¿Puedes ver el futuro cuando quieras? Es decir, ¿ahora mismo no sabes qué va a pasar? -El chico asintió con la cabeza.- ¿Y el tatuaje se ilumina cuando haces uso de tu poder?
-¿El tatuaje? -Dobló el periódico y miró a la chica.- No es un tatuaje, sino una escarificación desde la sien hasta el corazón.- Se desabrochó la camisa entera para que pudiera verlo. En el pectoral, sobre el corazón, se extendían una red de venas azules de forma radial. El dibujo iba reptando hasta el cuello y subía por su rostro- Donde me quitaron carne introdujeron un líquido con propiedades mágicas que se activa cuando hago uso de mi poder de manera consciente o inconsciente. De ahí el por qué va de la cabeza al pecho.
-Vaya... -G-Host se abrochó los botones.- ¿Quién te lo hizo?
-Los malnacidos que tiene a Steve, Kevin y Jessica. -La escarificación se iluminó levemente para, acto seguido, volverse a apagar.- Era un niño cuando me la hicieron, aún no controlaba muy bien mi poder, así que no lo vi venir. Me cogieron y me llevaron a una sala, como un quirófano, me ataron a la camilla y, con algún tipo de bisturí caliente, no me acuerdo, me iban cortando a la vez que cauterizaban la herida. Ellie abrió los ojos de par en par, sorprendida ante tal crueldad y salvajismo con un niño. G-Host tragó saliva, era obvio que le costaba hablar del tema. Aquello debió de haberle traumatizado.- Me abrasaba la piel, el aire se convertía en fuego en mis pulmones, estaba al borde de la muerte pero no podía morir. -Apartó la taza de café con una falsa tranquilidad, tratando de serenarse. Cogió el periódico y lo tiró a la basura.- Desperté a la semana con una sensación de hielo en el pecho y los ojos plateados. -Se llevó la mano al corazón y respiró hondo.- Discúlpame. -Dijo, antes de salir de allí.
La chica, que había estado callada todo ese tiempo, le siguió con la mirada. Quería ir tras él y disculparse por haber preguntado. No tenía ni idea de que hubiera pasado por tal calamidad. Continuó el desayuno en silencio, con varias preguntas bombardeando su cabeza: ¿Qué clase de monstruos le harían eso a un niño? ¿Tanto temían su poder? Si son las personas que retienen a Steve, ¿qué le estarían haciendo? Terminó la taza y, nada más dejarla sobre la mesa, el androide la recogió y limpió rápidamente.
Ellie merodeaba por la casa sin saber qué hacer, recorría cada una de las habitaciones hasta terminar sentada en la larga cheslong de piel de color blanco que había en el salón, cogió el mando de la televisión y le encendió. Al cabo de media hora, G-Host apareció, aún vestido con la misma ropa, portando otra de deporte que lanzó a la chica.
-Apaga eso -Ellie observó las prendas.
-¿Para qué es?
-Para entrenar, vamos a ir a por esos malnacidos y quiero que estés preparada. Te espero en el jardín.
Tras haberse cambiado de ropa, salió al jardín, un espléndido y amplio lugar con muchas plantas y flores, y un espacio de césped en el centro donde aguardaba G-Host.
-Deja el palo en el suelo, no lo necesitarás. Vamos a hacer unos cuantos ejercicios, quiero ver tu poder. -Abrió los brazos.- Intenta pegarme.
Ellie no se movió del sitio durante unos segundos pero G-Host insistía haciendo movimientos con los brazos. Sin miramientos, la chica se lanzó contra él, haciendo uso de las técnicas de lucha que Steve le enseñó. Sin embargo, cada golpe lo iba esquivando o parando, hasta que el chico se giró bruscamente y agarró el brazo de la chica, sujentándola con firmeza.
-Mal.
-¿Cómo lo has sabido? -Sus ojos se dirigieron hacia el tatuaje iluminado.- ¡Eso no es justo!
-Inténtalo otra vez. -Y la chica volvió a la carga.
Las horas pasaban, el cansancio podía con ella al no estar acostumbrada a ello. Se sentó en el suelo y se limpió el sudor con la manga. El chico, sin embargo, seguía como antes, sin transpiración aparente.
-Venga, otra vez.
-Dame un respiro, no suelo tener esta rutina ¿vale?
-No podemos descansar. -Ellie fue a protestar.- ¿Quieres ir a por Steve? ¿A por Jessica y Kevin? ¡Pues tendrás que esforzarte! Si no, no durarás nada con lo débil que eres. -La chica frunció el ceño y se levantó de un salto.
-¡No soy débil!
-¡Sí lo eres! Me lo estás demostrando. No vas a poder salvar a Steve.
La chica le miró furiosa, soltó un chillido y arremetió contra G-Host con todas sus fuerzas. Puñetazos y patadas fueron esquivadas. El chico agarró su brazos cuando fue a pegarle y Ellie se resquebrajó, la soltó y agarró de nuevo a la chica, que le atacaba por la espalda.
-Te repites.
-¿Tú crees? -La chica a la que agarraba se rompió, frunció el ceño y se giró hacia la voz. Abrió los ojos sorprendido al ver tres chicas iguales a Ellie delante de él.
-No está mal, pero tienes que ser más rápida -Una rama crujió a su derecha.- Y más silenciosa. -La cogió de la pierna, pues quería pegarle una patada. La lanzó al suelo y se limpió las manos.- Tendremos que practicar más. Mañana seguiremos.
La chica se sentí en el césped y respiró hondo varias veces. Se pasó la mano por el pelo, exhausta.
-¿Cómo no se te puede haber movido un pelo?
-No eres la primera ilusionista a la que me enfrento.
-¿Peleaste con Steve? -El chico asintió con la cabeza.
-Desde que éramos niños he aprendido a separar la realidad y las ilusiones con mi poder, pero no te deprimas, tu novio pocas veces me tocaba. Lo has hecho bien.-Extendió su mano y la ayudó a levantarse.
-G-Host, quiero que me cuentes algo de Steve, o de ti, quiero saber qué está pasando. -El chico se paró y clavó la mirada plateada en sus marrones ojos.- Por favor. -Soltó un suspiro.
-Deberías hablar con Steve, es él quien te lo tiene que explicar, no yo.
-¡Pero Steve no está! Necesito respuestas. -La chica mantuvo su mirada hasta que el muchacho accedió.
Después de la ducha, de que el androide le revisara las heridas ya curadas, se sentó en el sofá, vestida con su pijama. G-Host se había cambiado de ropa, ya no llevaba la camisa ni lo pantalones con los que había estado entrenando. Se había dado una ducha, pues tenía el pelo mojado y peinado hacia atrás. Vestía un jersey verde botella de lana fina y unos pantalones oscuros. Observaba atentamente la foto de los niños, se pasó la lengua por los labios y comenzó a hablar.
"No recuerdo mucho de mi vida anterior, sólo tengo imágenes fugaces sin sentido o sin relación aparente entre ellas. Para mí, mi vida comenzó cuando desperté en el orfanato, aunque no era un hospicio del todo. Sólo estábamos nosotros cuatro, la mujer que aparece en la foto y muchos médicos. Ninguno sabía quienes éramos, no recordábamos ni nuestros nombres.
Recuerdo la primera semana que pasamos allí, estuvimos encerrados en la misma habitación sin salir. Teníamos mucho miedo. Al octavo día, unos hombres grandes, vestido con trajes blancos, nos cogieron y nos llevaron a rastras a unos laboratorios. Allí nos tumbaron en unas camillas, nos ataron para que no nos moviéramos y nos sacaron sangre y nos hicieron escáneres.
Dos semanas después, me encerraron de manera individual en una habitación, estaba sujeto por cadenas y tenía un montón de electrodos, tanto en la cabeza como en el pecho. Me daban descargas eléctricas, querían que mi poder aflorase de la manera más salvaje posible. Sentía que me quemaba el cuerpo, que mis brazos y piernas ardían, mi cabeza iba a explotar. Notaba que en mi interior había fuego, mi poder quería salir, expandirse, arrasarlo todo. Tuve mucho miedo y... entonces, lo vi. Lo vi todo. Vi mi pasado, el pasado de mis compañeros, de los médicos, pero pronto las imágenes se desvanecieron y mis ojos vieron el futuro. No sólo uno, sino varios. Era como una película a cámara rápida. Todo era demasiado confuso, no paraba de chillar, quería que detuvieran esa tortura cuando vislumbré un futuro, uno que me aterró y se grabó en mi mente... Había una chica, una máquina de matar a la que nadie podía parar. Jessica se había enfrentado a ella junto con Kevin, pero ambos resultaron mal heridos. Yo mismo trataba de pararla pero su fuerza era mayor que la mía. Sus poderes eran increíbles. Incluso Steve luchaba contra ella en una sangrienta pelea, pero... su poder era demasiado superior. Ante mis ojos vi como ella lo mataba sin remordimiento alguno. Su misión era esa, acabar con nosotros.
Tengo aquella imagen grabada a fuego en mi mente, la presencia de aquella chica ha perturbado más de un sueño. Era una muchacha, con los ojos marrones pero sin brillo en ellos, su mirada estaba perdida. Su piel era pálida pero tenía gotas de sangre por su rostro y en sus manos. Su cabello era corto con una larga coleta y vestía un uniforme militar. Parecía un monstruo incontrolable. Ese monstruo eras tú, Ellie, tú lo destruías... todo."

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