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¡SORTEO! "La Caída de los Reinos" -3 ganadores-

Y.U.R.G.S. -P. 24-

La noticia de que el príncipe Lex iría a Husmacia como pretendiente de la princesa Shenia voló hacia los lugares más recónditos. En dos días, comenzaron a llegar cartas presentando sus respetos a la reina y pidiendo formalmente la mano de su preciosa hija. Los mensajes eran recogidos por la reina, ya que la princesa rehusaba de abrirlas si quiera. Estaba muy enfadada. El hecho de tener en su castillo a diez príncipes mínimo para pedirle la mano le incomodaba, ella sólo quería a uno, y ese uno se había encerrado en Guniver para no saber más del tema. Asch estaba molesto, enfadado, impotente y, aunque no lo admitiese, preocupado. Sabía que Shenia podía encontrar a alguien mejor entre aquellos herederos y, aunque conocía los sentimientos de la chica hacia su persona, era temeroso de perderla, aunque nadie conocía aquellos pensamientos salvo su hermano, aunque no de sangre, Glaiss.
-¿Por qué no vas y pides oficialmente su mano? -Preguntó el elfo, apoyando el codo en el respaldo del trono del muchacho. Asch estaba sentado, con una mano en la frente y la mirada fija en el suelo, mientras mantenía apretado el puño de la otra mano.
-¿Para qué? Todo YURGS sabía mi compromiso con la princesa.
-Sí, pero se rompió cuando el supuesto Asch que se iba a casar con ella se convirtió en un asqueroso Xerx, ¿te lo recuerdo? Lo mataste delante de todos. ¡Menudo escándalo!
-¿Y qué querías que hiciese? ¿Dejar que la besase? -Soltó una carcajada sarcástica.- Ni de broma.
-La salvaste. -Le puso una mano en el hombro y apretó ligeramente, con cariño- Ve, haz una proposición oficial, como los demás, demuestra que su corazón es y será siempre tuyo. Ellos no tienen nada que hacer contra ti.
El muchacho se quedó pensativo, dando vueltas a las palabras de su amigo. Sus característicos ojos verdes con un aro dorado de los reyes de Guniver estaban fijos en el trono vacío en donde se sentaría la próxima reina. Alargó la mano y acarició el apoyabrazos con los dedos. Asintió levemente, aún en silencio.

Los incesantes nudillos de la mano de Nicolette aporreaban la puerta cerrada de los aposentos de la princesa.
-Shenia, vuestra madre os está llamando, quiere que salgáis para poder recibir al príncipe. -Dijo la sirviente con vos tímida y preocupada por su amiga.
-¡No! -Se oyó desde dentro, cortando sus palabras.- No pienso salir de aquí, no quiero recibir a nadie.
-Pero... -Comenzó a decir en voz baja.
-¡No! -Sentenció Shenia con un grito. La joven sirvienta agachó la cabeza y se fue por el largo pasillo. Se encontró con Aleshia, quien llevaba en brazos una pila de sábanas. Ambas bajaron por la estrecha escalera de piedra y se encaminaron hacia la entrada donde la reina estaba dirigiendo algunos de los preparativos para la llegada del primer príncipe. Aleshia dejó a su amiga y se encaminó a la cocina.
-Mi reina. -Dijo la sirvienta, haciendo una reverencia.- Vuestra hija no quiere salir de la habitación, tampoco deja que entre.
La bella reina se giró con cara de preocupación y dirigió la mirada por todo aquel patio hasta encontrar al príncipe Drank echando una mano a los trabajadores. Con un gesto, pidió que se acercase y le suplicó que convenciese a Shenia de que se preparase; con un asentimiento de cabeza, se encaminó a su aposento.
El príncipe llamó con suavidad a la puerta de madera y habló con una voz calmada.
-Shenia, soy Drank, ábreme, por favor. -El muchacho esperó con paciencia a que la princesa le abriera la puerta, o al menos contestase. Se pasó la mano por el cabello negro corto, echándolo hacia atrás. Al otro lado de la puerta se oyó como la cerradura se abría con la llave, se giró el pomo y se abrió, dejando ver el rostro de la princesa.
-¿Estás solo? -Preguntó en voz baja, como temerosa de que si la oían, viniesen y la sacasen del cuarto a rastrar. El príncipe asintió ligeramente con la cabeza y la chica le dejó entrar en su aposento, volviendo a cerrar la puerta con llave a su espalda. La muchacha se pasó una mano por el rostro y fue directa a sentarse en la cama.
Drank la siguió con la mirada, frunciendo el ceño de la preocupación. La siguió y tomó asiento a su lado.
-Princesa, ¿estáis bien? No tenéis buena cara...
-El hecho de que venga un príncipe a mi castillo para pedirme la mano, y que ese príncipe no sea Asch, me pone... de los nervios. No quiero verlo. -Sus ojos se encontraron con los de Drank, el rostro de la muchacha cambió. Alzó la mano y le acarició la mejilla.- ¿Qué te ha pasado?
La cara del príncipe nefilim estaba pálida, tenía unas ojeras profundas muy marcadas, unos ojos apagados, sin brillo alguno. Parecía que no había dormido ni comido en días.
-Nada, nada. -Apartó su mano y trató de sonreír. Shenia, sin convencerse de sus palabras, le miró fijamente hasta que le príncipe se levantó, evitando su mirada.
-¡Cuéntamelo! Por favor.
-No, venga, vístete. Tienes que ir a recibirle. -Shenia se cruzó de brazos y se levantó, yendo hacia la ventana.
-No pienso recibirle. -Drank caminó hacia ella, le puso las manos en los hombros y soltó un suspiro.
-Mira, sé que amas a Asch, vuestro amor es fuerte. Y el hecho de que venga otro príncipe no tiene por qué interferir. Esto es sólo una mera cuestión diplomática. Tienes que hacerlo por tu madre, por Husmacia... Sabes que esta decisión sería la más razonable, tu padre lo habría hecho. Y sé que tienes la misma cabeza que él.
La muchacha agachó la cabeza y resopló, se encogió de hombros ligeramente y fue hacia su armario. El chico sonrió de lado, la soltó y salió de la habitación. Al cabo de un rato, Shenia salió vistiendo un largo vestido de color lila, con un cinturón más oscuro atado en la cintura, era de mangas largas que cubrían sus manos y de escote cuadrado. En su frente descansaba una pequeña cadena con decoración de piedras preciosas.
Los dos herederos fueron directos hacia la entrada principal del castillo para reunirse con Anri, quien iba a sufrir un infarto de lo nerviosa que parecía estar. Nada más ver a su hija, la madre le colocó bien el pelo, le sonrió y pellizcó ligeramente las mejillas de la muchacha para darlas color. En un gesto maternal, la agarró de los brazos y susurró la palabra "Gracias" tan bajo que Shenia tuvo que leerla los labios para saber que decía.
El retiqueteo de unas herraduras y las ruedas de un carro interrumpieron la escena. Drank, Shenia y Anri se pusieron en fila para observar al gran carro de madera, con un gran escudo tallado en la puerta, tirado por dos grandes caballos blancos. Detrás llegaban ocho caballos más con sus correspondientes jinetes.
-Sé amable, Shenia, por favor. -Suplicó su madre en un susurro y esbozó una agradable sonrisa.
Los sirvientes iban descargando mercancía del carro mientras uno de los jinetes se adelantaba y se acercaba al trío que esperaba en la puerta. Paró al caballo, dejó las riendas y se apeó de un salto.
El muchacho era rubio, con el pelo corto, de punta y echado hacia atrás; poseía unos ojos de color marrón claros, con motas amarillas por todo el iris. Era alto, delgado pero con los músculos desarrollados, de tez pálida y tersa. Vestía unos pantalones negros metidos por dentro de unas botas altas marrones oscuras, una camisa blanca de algodón y encima un chaleco de cuero negro decorado con un bordado dorado; además tenía un colgante de oro en forma de rombo descansando sobre su pecho.
El príncipe se acercó caminando con elegancia, cuando estuvo delante de la reina, se inclinó haciendo una respetuosa reverencia con la mano sobre el corazón.
-Yo, Lex Stern Von Dove, os presento mis respetos y los de todo mi reino a vos, reina Anri de Husmacia, por aceptar mi oferta y acogerme en vuestro castillo. -Se fue incorporando y dedicó una sonrisa a la reina mientras esta le correspondía con un asentimiento de cabeza. El chico pasó los ojos hacia Shenia y pareció que un brillo aparecía en su mirada. Dio un paso hacia ella y cogió la mano de la princesa para llevársela a los labios.- Y también a vos, mi princesa, es todo un placer para mi persona conoceros y para mi vista contemplar tal belleza. -La mandíbula de la princesa se tensó, intentando reprimir alguna palabra mal sonante impropia de una princesa, sin embargo, sintió la mirada dura de su madre sobre ella, así que se obligó a sonreír. Nada más ver su sonrisa, el príncipe Lex la soltó y se volvió hacia Drank.- No conozco vuestro nombre, señor.
El nefilim alzó la cabeza y le miró fijamente, serio.
-Soy Drank Von Gotten, príncipe y heredero de la corona de Blitzternova, reino nefilim de YURGS.- Ambos herederos se agarraron del antebrazo, dándose un fuerte apretón y se soltaron.
-Un placer conoceros. -Dijo Lex con una amigable sonrisa en el rostro.
Aquella misma noche se había celebrado un baile en honor de la llegada del príncipe Lex y algunos otros herederos de los reinos más cercanos a YURGS. El gran salón estaba lleno de personas elegantemente vestida, unos músicos amenizaban la velada.
Drank y Glaiss charlaban animadamente, el nefilim vestía una camisa blanca con un chaleco grisáceo y unos pantalones marrones y unas botas negras. Además llevaba alguna joya alrededor del cuello y un elegante cinto atado a la cintura de donde colgaba su espada. El elfo vestía una camisa azulada de mangas anchas bajo un chaleco abierto de color blanco con un bordado negro, unos pantalones beige y unas botas marrones. Llevaba también otro elegante cinto donde descansaba su espada.
Los rojizos ojos del elfo apartaron la mirada de su compañero y se fijaron en el muchacho que caminaba hacia ellos. Éste vestía una camisa blanca remangada, con un chaleco marrón con un escudo en dorado en la parte izquierda, el cual estaba cerrado con un cordón y era largo en la parte de atrás, acabando en pico. Vestía unos pantalones del mismo color del chaleco y unas botas negras altas. Tenía la mano apoyada en el mango de su espada, la cual iba enganchada al chaleco. Su pelo azul estaba echado hacia atrás dejando ver su rostro.
-Vaya, Asch, al final has venido. -Dijo Glaiss con una gran sonrisa en el rostro.
-No iba a dejar que una panda de príncipes de pacotilla me arrebaten a Shenia, por cierto, ¿dónde está? -Se giró, buscando con la mirada la cabellera rosa que tanto ansiaba acariciar.
-Aún no ha llegado, se estará mentalizando. -Estipuló Glaiss.
-Sí, debe ser duro para ella. Habrá que darla espacio. -Dijo Drank. Asch se giró hacia él y le escrutó el rostro con el ceño fruncido, alzó una mano y la apoyó en su hombro izquierdo.
-¿Te encuentras bien? Tienes una cara horrible.
-Falta de sueño, nada más. -Respondió el nefilim.
-Deberías ir a ver a Amadeus, tal vez te ayude... -Glaiss pegó un golpe a Asch en el pecho para captar su atención y señaló la puerta con la cabeza. El humano miró en la dirección señalada y sus ojos se abrieron como platos.
Las grandes puertas se abrieron de par en par y todos los invitados se giraron hacia ellas, dejando sitio para que llegase hasta el trono. Shenia estaba parada en el umbral, vestía un vestido muy largo, morado oscuro con dibujos en un tono más claro en la parte baja de la falda. El vestido se le ajustaba a la cintura, resaltando su esbelta figura, y caía en cascada en la parte de atrás; el torso era ajustado y acababa en un cuello de barco, dejando al aire los hombros; las mangas se enganchaban en el dedo anular con un fino cordel. El cabello, que ya le llegaba por los hombros, estaba suelto y sobre la frente descansaba una especie de diadema de oro con pequeñas piedras
La muchacha, bajo la atenta mirada de todos los invitados, caminó en absoluto silencio y con el rostro serio y la mirada fija en el trono donde se hallaba sentada su madre. Una vez llegó, subió el al pequeño pedestal y observó toda la fiesta desde arriba, hizo una pequeña reverencia y con un movimiento de cabeza, permitió la continuación de ésta. Tomó asiento junto a su madre y soltó un suspiro.
-Deberías sonreír más, cariño. -Susurró su madre, que estaba sentada recta y elegantemente en su trono.
-Madre, por favor, ya ha sido bastante esfuerzo venir aquí.- Anri esbozó una sonrisa.
-¿No quieres ver a nadie?
-No -Cortó rápidamente la princesa y estiró su vestido.
-¿Ni a aquel príncipe de allí? -Preguntó su madre, señalando hacia los otros tres herederos de YURGS. Shenia levantó la mirada y sus ojos encontraron los de Asch. Sus mejillas tomaron un leve color rojo y comenzó a dibujar una sonrisa. Iba tan elegante. Se levantó y cogió su vestido para no caer. Se fue acercando al chico que también empezaba a sonreír cuando un grupo de príncipes la cortaron el paso.
La chica se paró y trató de ser amables pero ellos no paraban de hablar y hablar, incomodándola. Retrocedió un par de pasos cuando notó la mano de alguien en su hombro, se giró bruscamente para observar a Lex, que iba vestido de beige y un amarillo apagado, muy elegante.
-Así no es como se trata a una princesa, chicos. -Dijo con una voz dura. Los otros príncipes fueron a replicar pero guardaron silencio y se fueron intimidados. La princesa se separó de él y le miró con agradecimiento.
-Muchas gracias Lex, no sabía qué hacer. -Soltó una suave risa- Bueno, he de irme... -La chica hizo el amago de seguir andando cuando Lex le agarró del brazo sin hacer fuerza y la miró a los ojos.
-Espere, princesa, por favor. Querría daros algo. -La chica asintió y se quedó quieta mientras el chico sacaba del bolsillo un largo collar de oro con una piedra roja brillante en la que parecía haber humo en su interior.- Es un pequeño presente por haberme acogido. -La chica le quitó importancia, Lex se puso detrás de ella, colocó el colgante en su cuello y cerró el enganche.- Tiene un pequeño perfume, espero que te guste.
-¿Perfume? -Cogió el colgante entre las manos y se lo llevó a la nariz. Poco a poco, el humo que parecía haber dentro iba desapareciendo a medida que la chica inspiraba para captar el supuesto olor que tenía. Cuando ya no hubo más humo en su interior, Shenia lo dejó caer y lo miró.- Huele bien. -Le sonrió con ternura.
-¿Me concederíais un baile? -Estiró la mano hacia ella y Shenia la cogió, asintiendo. Juntos, se fueron a bailar.
Lo que Asch estaba viendo todo aquellos sin poder creerselo. Los ojos los tenía abiertos como platos y tenía una mano cerrada sobre el mango de la espada. Glaiss y Drank le agarraron por simple precaución. Lo apartaron de la pista de baile para que no viera a su amada bailar con otro y lo sentaron en el suelo, apoyado contra la pared. Parecía que estaba en shock. El elfo se acercó y le puso una mano en el hombro.
-Asch, lo hace por su madre.
-¡No! -Cortó de pronto Asch, apartó de un manotazo y se levantó- ¿Por su madre? Oh, no amigo, ya no lo hace por su madre. Es como si se hubiera olvidado de mí en cuanto vio a ese... lameculos. -Apartó a sus dos amigos de un empujón y se dirigió a la puerta. Drank trató de pararlo.
-¡Tranquilo! ¡Relájate!
-¿¡Qué me relaje!? ¡Me están dando ganas de pegarle una paliza e incendiar su reino! -Gritó Asch. Sus ojos estaban llenos de ira pero también de celos y dolor. Se encaró a los otros dos herederos.- Para mí ambos están muertos y declararé la guerra a todo aquel que trate de entrar en Guniver para verme. -Dicho esto, salió. Fue a la caballeriza, cogió su montura y se fue rápidamente hacia su reino.
 Glaiss volvió a la fiesta seguido de Drank.
-Está perdiendo la cabeza. -Le dijo a su compañero mientras buscaba a Shenia con la mirada. Cuando la encontró comenzó a andar hacia ella con decisión.- Ahora vuelvo. -Se abrió paso entre la gente hasta llegar a la pareja. El elfo puso una mano en el hombro de Shenia y miró a Lex con el ceño fruncido.- ¿Nos permites un momento? -Bruscamente, apartó al chico de la princesa y comenzó a bailar con ella, mirando a su compañera con el rostro crispado, sin embargo, ella no paraba de mirar a Lex, que se había ido.- Shenia... ¡Shenia! -La princesa le miró sobresaltada.
-¿Qué?
-¿Cómo que qué? ¿No te das cuenta de lo que estás haciendo?- La muchacha frunció el ceño confundida y negó.- Asch te estaba esperando y tú te has puesto a bailar con el príncipe Lex.
-¡Oh, vamos! -Puso los ojos en blanco- Es como un niño, se enfada por todo, no puedo ni bailar con otra persona que no sea él.
-Shenia... -Soltó un suspiro.- No sé que te ha pasado, ibas tan ilusionada hacia él pero nada más ver a Lex es como si te hubieras olvidado de él. -La miró a los ojos, preocupado.- ¿Quieres a Lex?
-No, yo quiero a Asch... quiero a Asch. -Miró alrededor- ¿Dónde está? Quiero pedirle perdón...
-Se ha ido.
-¿¡Qué!? -Dijo la muchacha de repente, agachó la cabeza y se abrazó a Glaiss.- Lo siento... de verdad que lo siento... -Cerró los ojos y siguieron bailando.- No sé que me ha pasado. -Suspiró y abrió los ojos, mirando alrededor.- ¿Y Drank? -Glaiss miró alrededor y se encogió de hombros, pues el nefilim había desaparecido.
El príncipe de Blitzternova caminaba por los pasillo rápidamente agarrando de la mano a Aleshia.
-¿Drank? ¿Qué ocurre? -Pero el muchacho no contestó y siguió tirando de ella hacia unos aposentos. La puerta estaba cerrada pero a él no le importó, dio un fuerte empujón y cedió. Ambos se metieron dentro y Drank volvió a cerrar.- Drank, por favor... dime algo.
El chico no habló. Se lanzó hacia ella y la acorraló contra la pared. Su boca buscó la de la chica rápidamente y sus manos acariciaban su cintura. Aleshia trató de apartarle pero al ver su fuerza no era nada comparada con la del chico y su forma de besarla era tan apasionada, se dejó llevar.
Las manos del chico recorrieron el cuerpo de la doncella, tiraban de los lazos de su vestido para despojarla de él y la condujo hacia la gran cama. El príncipe observaba los ojos de la muchacha, esta tenía su cara sonrojada. Los labios del chico exploraron los de Aleshia como su el su tacto fuera lo que más necesitara e la vida, sus manos acariciaban los hombros desnudos de la chica mientras esta se estremecía y quitaba su camisa para dejar ver aquel cuerpo bien desarrollado; Drank deslizó sus labios por el cuello de la muchacha mientras con las manos desataba el corsé y abría el vestido, dejando el torso de la muchacha desnudo para que el príncipe lo acariciase con la yema de los dedos. La pareja continuó besándose con gran pasión mientras las vestimentas iban cayendo a ambos lados de la cama. Los besos y las caricias iban aumentando a medida que consumían su himeneo.

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