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Y.U.R.G.S. -Epílogo-

Dos años después.
Los pasos resonaban en todo aquel desierto pasillo como si una legión de soldados estuviera dentro del castillo. La luna se alzaba en el cielo, resplandeciendo y brindando una fría luz a todo el reino. Hacía buena temperatura en el exterior, pues se acercaba el verano, a pesar de que un molesto viento se había levantado desde el anochecer y había arremetido contra la piedra del castillo. Se oyó un grito. De nuevo comenzaron los pasos nerviosos, recorriendo el pasillo mientas el silbido del aire trataba de amortiguar aquel sonido. Aquella persona estaba alterada, movía las manos continuamente y murmuraba cosas inteligibles por lo bajo, como hablando un idioma extraño para sí misma. Cinco segundos más tarde, se volvió a quedar parada frente a las puertas dobles de madera que estaban flanqueadas por dos grandes antorchas de piedra. El nerviosismo le hacía sudar más que el calor que desprendía el propio fuego. Un segundo alarido de dolor llegó hasta sus oídos.

Ilusionist Rose -Cap. 3-

Estaba sentada en el borde de la cama con el libro entre las manos, a su lado, el gato dormía plácidamente y ronroneaba. Después del encuentro con Steve, Ellie tenía incluso miedo de abrir el libro y pensaba seriamente qué hacer, pero su corazón y su razón la obligaban a ir a por Steve, necesitaba ir a por él, tenía que ayudarle.
La chica suspiró y abrió el libro, sus dedos recorrieron las páginas, parecían antiguas. En las primeras solo había dibujos a lápiz de niños pequeños, después había algunas rotas, pintadas enteras o arrancadas. Estas las pasó rápido pues no contenían nada interesante hasta que encontró una foto entre ellas. La cogió y observó detenidamente.
En ella aparecía una mujer con un uniforme marrón y una corbata negra. El pelo canoso lo llevaba recogido en un alto moño del cual no se escapaba ni un mechón, sus ojos verdes eran duros e intimidantes, acentuándolos con las lineas de los apretados labios y su cuello, y mandíbula, tensos; haciendo su cuerpo más rígido de lo que ya parecía.
Junto a ella, aunque no tenía contacto con ninguno, había cuatro niños, parecían pequeños, de no más de siete años. El de la izquierda del todo era el más alto, su cabello era rojo como el fuego, corto y despeinado; tenía también una tirita en la frente y un extraño dibujo azulado en forma de espiral por el cuello y la parte izquierda del rostro. Su miraba plateada era perturbante, ya que estaba vacía, sin vida, como si alguien manipulase su mente, sin embargo, cuando pasó los ojos por los otros tres niños, tenían la misma.

Al lado del pelirrojo había una pequeña niña, con el cabello cortado por la barbilla, de un color castaño con una extraña mecha fucsia en él. Sus ojos, del mismo color que la mecha, tenían tan poca vida como los del anterior, pero estaban rojos, junto con las mejillas, donde tenía un lunar encima del labio, como si hubiese estado llorando durante horas. Su constitución era delgada y muy bajita comparado con su compañero.
A su derecha se encontraba otro chico de pelo muy corto de color castaño oscuro, los ojos verdes brillantes. Tenía el rostro serio y la cabeza ligeramente agachada, las manos estaban colocadas ha ambos lados de su cuerpo, con los puños cerrados, en tensión.
Cuando Ellie se fijó en el cuarto niño no se lo pudo creer, antes había pasado su mirada por encima y no se había fijado, pero ahora que lo miraba con más determinación, le reconoció.
Su pelo era de un color cobre, más claro a como lo tenía actualmente, sus ojos, con una extraña heterocromía, eran de color rojo y verde. Su ceño estaba fruncido, su mejilla roja y el labio inferior hinchado.
Ver a Steve de pequeño, en aquella extraña foto, junto a todos esos niños, le hizo cuestionarse cuánto conocía a su marido y por qué no le había contado aquel pasado suyo. Pero, esas preguntas fueron eclipsadas por otra más trascendental para Ellie. ¿De qué conocía ha aquella mujer?
La chica volvió a meter la foto entre las ajadas páginas del libro y buscó aquel mapa que anteriormente le había dicho Steve que había. Al encontrarlo lo observó, estaba hecho con lápiz pero era legible. Simplemente tenía que seguirlo para encontrar ha aquel mago llamado Kevin. Cogió el libro con una mano y con la otra arrancó la página, la dobló y la metió en el bolsillo. Acto seguido se levantó y fue a meter el libro dentro de la mochila cuando oyó unos fuertes golpes en la puerta de la habitación.
-¡Vosotros! ¡Desgraciados! ¿Un billete falso? ¡Os voy a partir la cara! ¡Salid de una puta vez! -Gritaba la voz de un hombre, seguramente el dueño del motel.
Ellie cogió la mochila y la abrió, dentro metió el libro, acto seguido agarró al gato y lo metió también, después lo cerró, dejando un agujero para que el gato tuviese aire. Se lo puso a la espalda y agarró el palo de billar de Steve. Se dirigió a la ventana abierta y miró hacia abajo, observando la caída hasta el contenedor, donde estaba aún el cerdo de antes todavía inconsciente.
Tenía que salir de ahí lo antes posible, alejarse de todo y avanzar tan rápido como podía. La chica se incorporó y miró hacia la cómoda. ¡La moto! Se acercó corriendo a donde estaban las llaves, las cogió y volvió a la ventana, sacó una pierna y se apoyó en la cornisa. Después medio cuerpo hasta quedarse fuera, agarrada a la ventana con las manos.
Respiró hondo varias veces y se soltó. La chica cayó desde la ventana y aterrizó sobre aquel hombre, pegándole un fuerte golpe aunque ella se vio amortiguada por su cuerpo. Se agarró al borde y saltó fuera del contenedor, corrió rápidamente hacia donde había aparcado la moto y se subió. Metió la llave en el contacto y trató de arrancar.
-¡¡Eh!! ¡Tú! -Gritó una corpulenta mujer. Ellie miró hacia atrás al mismo tiempo que trataba de arrancar el motor.
-Mierda. -La muchacha giraba la llave e intentaba que el motor se pusiese en marcha, trataba por todos los medios salir de allí. Sin embargo, la mujer llegó antes de que ella pudiese irse. La agarró por la mochila y la tiró al suelo, un instante más tarde la fue ha agarrar de la sudadera que llevaba puesta, pero cuando las yemas de los dedos tocaron su tela, esta comenzó a resquebrajarse y Ellie, literalmente, se rompió en mil pedazos. La mujer se giró desconcertada, para ver como la moto desaparecía de la misma forma cuando sus ojos vislumbraron otra figura, alejándose de allí mientras se despedía con la mano.
Ellie apretaba el manillar de la moto mientras saludaba, acto seguido, aceleró y se alejó del lugar rápidamente.
El viento azotaba su rostro y le hacía entrecerrar los ojos. Aceleraba la moto cada vez más rápido para avanzar lo máximo posible, tenía de camino más de cuatrocientos kilómetros y se moría por llegar pronto. Tomaba las curvas de manera peligrosa y hacía rápidos adelantamientos a los pocos coches que circulaban a esa hora, ya que debían de ser más de la una de la mañana.
En aquel momento agradecía a Steve el hecho de haberle enseñado hace apenas unos meses, aunque dudaba que aprobase aquella temeraria conducción.
Y no lo hacía.
-¿Quieres matarte? -La figura traslúcida de Steve había aparecido en el asiento trasero de la moto, tenía la espalda apoyada en la de Ellie y se cruzaba de brazos, mientras mantenía los ojos cerrados. Su voz era dura y eso le provocaba un nudo en el estómago.
-No... -Susurró culpable y comenzó a reducir la velocidad lentamente. Giró su rostro poco a poco para observar a la traslúcida figura de su marido. Aquel no era el momento de preguntarle sobre su pasado o sobre la mujer de la foto, así que se limitó ha preguntar sobre el mago.
Steve se mantuvo en silencio y después, comenzó a hablar:
-Kevin, Kevin Poppy. Un mago impresionante, su poder es increíble. Nunca había visto a nadie utilizarlo de aquella manera. Él es el mago más poderoso que conozco, incluso se crea sus propios hechizos. Adora la soledad y la tranquilidad, no hay cosa que más le irrite que el ruido. -Soltó una leve risa y apoyó las manos en la nuca.- Puede que sea introvertido pero yo no me metería con él.
-¿Me ayudará? -Preguntó, mordiéndose el labio.
El chico asintió y acto seguido sonrió de lado. -Sabe quien eres, lo hará sin dudarlo pero hay que encontrarles a todos y advertirles.
-Iré lo más rápido que pueda -Sintió que Steve le clavaba la mirada en la nuca, agachó la cabeza y soltó un suspiro- Figuradamente, claro.
Ambos se quedaron en silencio durante un instante. Los ojos cansados de Ellie observaron pasar un cartel anunciando el próximo pueblo a menos de cien kilómetros.
Se oyó un bufido antes de que Steve hablara:
-Para en ese pueblo, es demasiado tarde y sé que estás cansada. No es seguro por muy pocos coches que haya.- La chica se limitó a asentir- Nos vemos luego...
-¿Qué? -Pero cuando miró hacia atrás había desaparecido.
Siguió rápidamente durante al menos cuarenta y cinco minutos hasta encontrar la desviación al pueblo y entrar en él. Este era pequeño, de calles poco iluminadas debido a la vieja instalación eléctrica. Las casas eran pequeñas y hechas de piedra, todas cerradas a cal y canto.
Ellie redujo la velocidad y condujo lentamente hasta encontrar una pequeña posada con las tenues luces encendidas. Aparcó el vehículo, apagó el motor y encadenó la rueda a la valla que rodeaba la posada. Se guardó las llaves y entró.
El lugar era acogedor, las velas alumbraban la estancia con su débil resplandor. Todo estaba hecho de madera, antigua y agrietada, pero limpia. El lugar estaba en silencio, parecía no haber nadie. Se acercó al mostrador y tocó el pequeño timbre que había sobre este varias veces.
-Ya voy, ya voy. -Se oyó una voz por la puerta de detrás de la recepción. De esta salió una pequeña anciana atándose la bata con un nudo y poniéndose las gafas sobre la pequeña y respingona nariz. Sus ojos eran grandes y azules, llenos de arrugas, al igual que todo el rostro. Su cabello canoso estaba recogido en una trenza que caía sobre su hombro derecho. Alzó la cabeza para mirar a Ellie a la cara y dibujó una cariñosa sonrisa- Es muy tarde corazón, seguro que estás recorriendo un largo viaje. ¿Deseas una habitación?
-Sólo para esta noche, por favor.
-Claro pequeña -Se agachó para coger las llaves, se incorporó y las dejó en la mano de Ellie. Esta buscó en el bolsillo algo de dinero- Págame mañana corazón, tienes pinta de ser una buena chica. Y si me dejas esa ropa, la tendrás lista mañana por la mañana antes de irte
-Muchas gracias
-De nada pequeña, estarás cansada, sube. Tercera puerta a la derecha.
Ellie subió por las escaleras, estas crujían incluso bajo su peso. La chica buscó su habitación y entró. Era pequeña, con una cama cubierta de mantas. Había una pequeña lámpara de aceite en la mesilla que resplandecía, la cual podías regular. La muchacha cerró la puerta, dejó la mochila encima de la colcha y dejó salir al gato de la mochila. Se quitó las botas y la ropa, y caminó hacia el baño. Preparó la bañera para meterse y cuando el agua estaba caliente, se metió dentro.
Cuando estuvo bien limpia, salió y se secó con la toalla, se puso una camiseta a modo de pijama y se sentó en la cama, acariciando el lomo del gato mientras sacaba de la mochila el libro. Se oyeron leves golpes en la puerta haciendo que Ellie se sobresaltase y metiese el libro bajo la almohada, la puerta se abrió con un crujido y el rostro de la amable anciana apareció.
-Vengo a por tu ropa pequeña y a traerte un vaso de leche, así evitamos que cojas un resfriado -Entró en la habitación con un bol y un vaso llenos de leche. El bol lo dejó costosamente en el suelo junto a la cama y el vaso se lo tendió a la muchacha.
-Muchísimas gracias, no tendría que haberse molestado.
.No es ninguna molesta, niña, todos mis clientes son tratados como si fuesen mis hijos -Esbozó una pequeña sonrisa mientras recogía la ropa que la chica se había quitado.
-¿Puedo agradecérselo de alguna manera? Sería un placer ayudarla.
La anciana sonrió sin enseñar los dientes, lo que provocó que le saliesen más arrugas en el rostro. Dobló la ropa que estaba recogiendo y la metió bajo el brazo.
-Me vendría bien a alguien joven para que me ayudase a cargar con una alfombra que tengo encargada en el mercadillo de mañana.
-¡Será un placer! -Sonrió mientras la miraba, esta asintió con la cabeza y salió del cuarto, cerrando la puerta tras ella.
Ellie tomó un sorbo de la leche y observó al gato beber con ahínco del bol. El felino se terminó rápidamente la parte que le correspondía y se sentó junto a él, mientras miraba a Ellie con una tierna mirada. La chica puso los ojos en blanco, dio otro sorbo y echó lo que quedaba en el cuenco. Dejó el bol sobre la mesita de noche y cogió el libro que había escondido. Lo abrió por la página de la foto y sacó el mapa, el cual tuvo la suerte de sacar antes de que la anciana se llevase la ropa. Inspeccionó el trayecto que todavía le quedaba por recorrer, más o menos, cien kilómetros le separaban de su destino, el problema que después vendría sería encontrar a Kevin, porque dudaba que fuese fácil encontrar al mejor mago de todos, según Steve.
Metió el mapa dentro de las páginas del libro, junto a la foto, y lo cerró para volverlo a esconder. Se estiró para coger el palo que estaba apoyado en la pared y lo metió en la cama con ella, apagó la luz de la lámpara de aceite y cerró los ojos.
"El lugar era extraño, todo estaba oscuro. Ellie miraba alrededor pero no podía ver nada. De pronto una luz parpadeó a lo lejos. La muchacha se dirigió hacia allí corriendo lo más rápido que podía, pero parecía que la luz se alejaba. Paró fatigada, apoyando las manos en las rodillas y respirando con fuerza. De pronto observó en el suelo su sombra, fue girando el rostro hasta observar una linterna de aceite resplandecer a su espalda, aunque aquello no fue lo que la dejó sin aliento, sino que era Steve quien la sujetaba. La muchacha abrió la boca para hablar pero no emitió sonido alguno.
-He encontrado la manera de entrar en tus sueños, deseaba estar contigo. -Ellie frunció el ceño confundida- Seguramente no recuerdes nada cuando despiertes, he aislado una parte de tu cerebro para crear esta ilusión, ves lo que yo quiero que veas, sentirás lo que yo quiero que sientas pero tu cerebro no lo registrará ni como recuerdo ni como sueño. Sin embargo, yo lo recordaré todo. -Dejó la lámpara en el suelo y se acercó a la chica, la envolvió con los brazos y apoyó su cabeza en el pecho.- No sé que me hacen, me tienen en un sueño inducido pero he conseguido aislar mi conciencia. Por eso puedo hacer esto todavía, mi cuerpo no se moverá pero mi poder sigue activo así que te ayudaré en lo que sea, sin embargo, no puedo ayudarte a encontrarme. -La separó de él- No tenemos mucho tiempo, esto me consume demasiado, así que iré al grano de por qué lo hago. -Y la besó.
Su boca recorrió la de la chica casi con desesperación. Su mano le acariciaba la espalda, la metió bajo la camiseta que tenía de pijama y recorrió con los dedos cada centímetro de su espalda. Con la otra mano le sujetaba la nuca mientras continuaba besándola tan apasionadamente, la cogió por la cintura y la tumbó en el suelo, junto a la lámpara de aceite, mientras él se colocaba encima. Sus manos acariciaban la piel de la muchacha mientras su boca se amoldaba a la suya y con la lengua la recorría por dentro.
Steve separó sus labios para poder coger aire y observó los ojos de su esposa con una sonrisa en el rostro. Ellie subió la mano y el chico fue a entrelazar los dedos con ella, cuando se dio cuenta de que la atravesaba. Su cuerpo comenzó a quedarse traslúcido. La tristeza se reflejó en los ojos del chico, se acercó a ella, cada vez más trasparente, e hizo como que le daba un último beso antes de desaparecer por completo. La chica cerró los ojos y la lámpara estalló, sumiéndola en la oscuridad."
La mañana llegó pronto, la muchacha abrió los ojos al oír los gritos y ruidos que entraban desde la calle por su ventana. Se levantó y se empezó a vestir para ayudar lo antes posible a la anciana y después marcharse. Fue al baño y se lavó, después cogió su mochila y sacó un pantalón vaquero largo, una camiseta de tirantes blanca y una chaqueta vaquera que era de Steve. Se vistió, metió el libro que tenía escondido en la mochila, la camiseta, se la puso en la espalda y colocó el palo de billar. Cogió al gato, el vaso y el bol, y salió de la habitación. Dejó la puerta abierta y bajó rápidamente las escaleras. La mujer estaba recogiendo su largo pelo en un moño cuando observó bajar a la muchacha.
Ellie dejó la mochila sobre la mesa y los vasos junto a ella, la abrió y metió dentro la ropa que le había lavado. Miró un pequeño taperware que había al lado, la anciana le indicó que era comida para el viaje, y Ellie, con un gracias, lo metió también. Ambas ya preparadas, salieron de la posada y se dirigieron al mercadillo.
De día el pueblo era más pequeño de lo que le pareció anoche, era el típico pueblo alejado de las grandes ciudades donde a nadie le importaba si se construía una nueva cadena de supermercados o si un actor había ganado un premio. Parecía perfecto para ella, y seguro que a Steve le encantaría visitarlo.
Llegaron a un mercadillo, fuente del ruido que le había despertado. Aquello estaba muy animado, había muchos puestos pero sobre todo de comida y ropa. La mayoría de la gente eran ancianos que paseaban y charlaban entre ellos, otra parte eran los hijos de aquellos ancianos que había venido a visitarlos o vivían allí, también habían muchos niños jugando entre ellos sin necesidad de que estuviesen pegados a una máquina. Era un lugar perfecto.
La muchacha acompañó a la anciana por muchos de los puestos que allí había. Ellie pasaba su entusiasmada mirada por cada rincón, curiosa de las cosas que allí se podían encontrar. El gato se revolvió en sus brazos, lo que le sacó de sus ensimismamiento, los ojos de Steve la miraron y acto seguido se posaron en otra persona. Ellie siguió su mirada.
-¿Jessica? -Oyó decir a Steve en su mente. La chica frunció el ceño. Dos puestos más allá se encontraba una mujer a la que todos los hombres se paraban a mirar y sus mujeres les empujaban o regañaban. La muchacha tenía el pelo largo y suelto, de color castaño claro con una mecha fucsia sobre su rostro. Sus ropas eran lo que más llamaba la atención. Vestía con una falda tan corta que apenas dejaba nada a la imaginación, de debajo de esta bajaban dos tirantes negros que se enganchaban a sus medias a mitad del muslo. Calzaba, también, una botas altas negras, con cordones atados hasta arriba, y unos tacones de aguja de por lo menos diez centímetros. Su blusa era de color morada, con las mangas por los codos, el cuello estaba cubierto por un pelo de animal, seguramente sintético, y bajaba por el escote hasta la mitad del pecho, donde se podía apreciar, la tela de un sujetador granate de encaje. Ellie se fue acercando a la chica, pasando entre la gente que iba y venía hasta llegar junto a la llamada Jessica, esta miraba curiosa unas figuras dentro de bolas de cristal y no se percató de su presencia hasta que oyó la voz de Steve en su cabeza.
-¿Qué haces aquí, Jessica Dahlia? -La muchacha dirigió su mirada de color fucsia hacia Ellie pero acto seguido la bajó hacia el gato. La chica recordó la foto de Steve y los otros tres niños, ella era la niña.
-¿Steve? ¿Steve Rose? ¡Vaya que alegría encontrarte! -Arrancó prácticamente de los brazos de Ellie al felino y lo abrazó y besuqueó todo lo que podía. El gato maullaba de molestia y le ponía las patas en la cara para apartarla aunque ella ni se inmutaba. Cuando dejó de manosearlo, lanzó una hostil mirada hacia Ellie. -¿Y tú quién eres?
-Ella es mi esposa, Jess, Ellie Rose.
-Ah, sí. -La inspeccionó detenidamente- La niña -Soltó las palabras con tal desprecio que las mejillas de Ellie enrojecieron levemente de rabia. Como si ella no existiera, Jessica se puso a rascar la cabeza del gato mientras le contaba a Steve que es lo que hacía por allí.- Hace unos días vinieron a por mi unos tipos, me estuvieron persiguiendo muchisimo tiempo y no sabía como me habían encontrado.
-Haciendo la calle es normal que te encontrasen -Susurró Ellie para sí misma, la chica no lo había oído pero Steve la fulminó con la mirada y esta se cruzó de brazos y escuchó a la chica.
-Por suerte les dí esquinazo hace un día y como me pillaba por la zona decidí avisar a Kevin el primero, pero se cambió de pueblo y no tengo su dirección -Lanzó una despreciable mirada hacia Ellie, acto seguido abrazó al felino- Pero veo que no fui la única perseguida. ¡Ay, Steve! Si tuvieses a alguien que te protegiera y no a quién tener que cuidar, no habría pasado esto. -.
Ellie apretó los puños y abrió la boca para contestar pero Steve la interrumpió.
-Jessica -Su voz sonó dura en sus mentes- Debéis encontrar a Kevin y G-Host antes que ellos. Las chicas replicaron al unísono.
-Pero yo no quiero hacer de canguro.
-Pero yo no quiero pagarle tres kramas la hora.
-¿Tres kramas? -Jessica miró hacia Ellie con el ceño fruncido.
-Sí -Respondió esta y esbozó una sonrisa ladeada- Al principio pensé una o dos, pero me dije: ¡Vamos a darla un poco de dignidad que se ve que la necesita!
 -Niñata de los cojones, te voy a... -Agarró la pechera de la camiseta de Ellie y la levantó levemente.
-¡Basta! -Interrumpió Steve con firmeza- No es hora de pelear, os persiguen a las dos y más os vale colaborar sino queréis acabar como yo. Jessica soltó a Ellie y ambas desviaron la mirada.
 Un estruendoso ruido les alertó y una marabunta de gente comenzó a correr fuera del mercadillo mientras gritaban. La chica les observó confundida y prontó miró hacia atrás, en busca de aquella señora. Salió corriendo en su busca.
-¡¡Ellie!! -Gritó Steve- Jessica, como le pase algo, te juro que seré yo quien te mate y no ellos. -Y con esas palabras, Jessica salió corriendo detrás. Ellie llegó hasta ella sofocada, agarró al primer muchacho que pilló y posó en su manos dos mil kramas.
-Más te vale ayudarla chico, o te mato. -El muchacho las aceptó, acto seguido posó otras tres mil en la mano de la anciana y dejó que el chico la ayudase. Sintió el tirón hacia atrás y se giró con brusquedad.
-Estas loca -Dijo Jessica y devolvió al gato, ya normal, a los brazos de la muchacha- Hay que irse.
Ambas salieron corriendo en dirección contraria a la gente, se abrían paso a codazos mientras aguantaban el griterío en sus oídos. Parecía que la marabunta se acabó y salieron a una amplia plaza empedrada. Jessica señaló hacia una callejuela que bajaba pero cuando se fueron a poner en marcha, algo las detuvo.
En medio de aquella plaza había diez hombres grandes, vestidos de traje negro con corbata y camisa blanca. Ellie abrazó al gato y Jessica apretó los puños. De entre los hombres salió una chica de baja estatura, con el pelo largo rubio recogido en una alta coleta y los ojos marrones, vestida con una chaqueta americana y una falda marrón. Su rostro, su cuerpo, su forma de andar, era exactamente igual que Ellie. Igual. La muchacha se quedó desconcertada al verse reflejada en aquella otra chica. Esta alzó el brazo y las señaló.
-Atacad. -Dijo firmemente, y los hombres, con un grito, se lanzaron al ataque.

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