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Y.U.R.G.S. -Epílogo-

Dos años después.
Los pasos resonaban en todo aquel desierto pasillo como si una legión de soldados estuviera dentro del castillo. La luna se alzaba en el cielo, resplandeciendo y brindando una fría luz a todo el reino. Hacía buena temperatura en el exterior, pues se acercaba el verano, a pesar de que un molesto viento se había levantado desde el anochecer y había arremetido contra la piedra del castillo. Se oyó un grito. De nuevo comenzaron los pasos nerviosos, recorriendo el pasillo mientas el silbido del aire trataba de amortiguar aquel sonido. Aquella persona estaba alterada, movía las manos continuamente y murmuraba cosas inteligibles por lo bajo, como hablando un idioma extraño para sí misma. Cinco segundos más tarde, se volvió a quedar parada frente a las puertas dobles de madera que estaban flanqueadas por dos grandes antorchas de piedra. El nerviosismo le hacía sudar más que el calor que desprendía el propio fuego. Un segundo alarido de dolor llegó hasta sus oídos.

Y.U.R.G.S. -P.9-

El elfo había partido para llegar lo más rápido que podía a su reino. La frenética respiración del caballo se oía a varios metros de distancia cuando el muchacho llegó a las puertas del castillo, bajó de su montura y se reunió con su padre en el gran salón, abriendo las puertas de par en par y acercándose a él.
-Padre, Nindrez caerá. Tenemos que mandar refuerzos. -El tono con el que hablaba el chico era decidido, como si de un gran líder se tratase, en cambio, la actitud del rey elfo era totalmente distinta.
-He leído el mensaje que mandó el rey enano y no pienso mandar a mi hijo y a mis soldados a una batalla perdida. ¡No dejaré este país sin rey! ¿Me has oído?
El joven elfo se arrodilló delante suya, como pidiendo perdón, y alzó los ojos hasta cruzar una mirada decidida con los ojos de su padre.
-Antes que príncipe soy soldado y habitante de YURGS, por lo tanto, no consentiré que un amigo o aliado pierda aquello que protegieron muchas personas antes que yo. -Glaiss se levantó y fue con determinación hacia la salida, sin cruzar una mirada con su padre y rey. Este alzó los brazos y elevó el tono de voz para hacerse oir.
-¡Te prohíbo que vayas, Glaiss! -.

Sin embargo, el muchacho ya estaba lejos como.para haberle oído. Se dirigió directamente al podio donde el rey solía alientar a los soldados antes de ir a la batalla mientras el sonido de las tubas de guerra resonaba en el lugar, haciendo que los fieles soldados acudiesen a su encuentro cuando se toparon con la sorpresa de que no era el rey, sino su heredero, quien les llamaba. El príncipe respiró hondo e hizo callar los murmuros de sus soldados.
-Todos nuestros compañeros y aliados de YURGS han ayudado y combatido en la región de Nindrez para salvar la arcana unión de ser destruída por el enemigo. -Hizo una pequeña pausa y continuó- Y nosotros no seremos menos. Debemos ir ¡y luchar! Demostrar que se puede contar con nosotros, que los elfos somos rápidos y fuertes, y que ayudaremos a expulsar a los enemigos... ¡De nuestra nación! -Alzó el puño con decisión y les miró a todos- ¿¡Quién está conmigo!? -Los soldados comenzaron a vitorear y alzar el puño asemejando el gesto del muchacho. La gran mayoria de los que le apoyaban estaban animados y decididos a ir a la guerra.
Tras el discurso, empezaron los preparativos. Las cuadras se vaciaban para poner a punto los caballos y carros, los soldados se armaban y vestían con la cota de malla metálica y los colores típicos del reino. Tras armarse, se podía observar como los soldados dejaban a su paso una estela de tristeza. En Sonrengar se quedaban familias sin padre o hermanos, las mujeres lloraban su marcha y los infantes trataban de entender porque se iban. A pesar de que el ambiente estaba cargado por aquella nostalgia tan pesada, los soldados siguieron animados y confiados de volver victoriosos.
Partieron rápidamente, pues, en dirección a Nindrez para llegar a tiempo de parar la catástrofe tan amenazadora que se les venía encima. Al llegar a la frontera, el elfo tiró de las riendas de su caballo y él, y su escuadrón, contemplaron la desalentadors escena. A lo lejos se vislumbraba el ruinoso castillo que se caía poco a poco y diversas columnas de humo negro se alzaban al cielo. Glaiss y los soldados fueron hacia el castillo, pasando entre cadáveres y hombres moribundos con los ropajes característicos de sus respectivos reinos. El elfo fijó su mirada en un soldado en concreto, al cual le faltaba un brazo y llevaba los.colores de Guniver. Bajó de su montura y caminó hacia él al verle moribundo, se agachó a su lado y sacó la cantimplora para darle de beber.
-¿Qué ha pasado? -.
El soldado bebió lentamente y abrió los ojos. Aquel muchacho no era mucho más mayor que el elfo y aquello le hizo pensar en lo mucho que sufriría la familia su pérdida y en como se las arreglarían sin él. El soldado comenzó a balbucear.
-Hombres... Con cuchillas por manos... E-eran verdes, señor... -Sus asustados ojos se encontraron con los del muchacho, el cual se estremeció ante el terror que ellos transmitían.- Hombres verdes señor... -Empezó a tener pequeña convulsiones y escupir sangre. Con la mano que aún tenía, agarró a Glaiss y le hizo acercarse a él para susurrarle. -¿He servido bien?
Al elfo se le encogió el corazón- Buen trabajo, soldado-.
El joven trató de sonreír débilmente- Digaselo.. A mi fa-familia... -El elfo asintió antes de que este comenzase a ahogarse con la sangre que salía de su boca. Glaiss le cerró los ojos para que descansase en paz y se levantó, dirigiendose a uno de sus soldados.
-Averiguarlo todo sobre ese joven, que tu familia sea recompensada.
-Si, señor.
-Rodearemos la frontera hasta encontrar el flanco menos dañado -.
Cuando comenzaron a rodear la frontera, el escuadrón encontró un puesto de vigilancia enana, allí los cuerpos descabezados de los vigilantes se amontonaban en el suelo y las cabezas estaban clavadas en fila sobre unas lanzas de madera afilada. Siguieron su camino tratando de no mirar la escena cuando un sonido de disparos llegó hasta los oídos del elfo. Un sonido muy familiar para él. Glaiss se adelantó para confirmar su teoría y así fue, tenía delante suyo a su compañero y amigo disparando a todo ser verde y escamoso, con cuchillas en lugar de manos, que se le acercaba mientras apoyaba la espada en la de uno de sus soldados. El elfo bajó de su montura y desenvainó por completo su katana de la funda para caminar hacia él con una mirada fría inusual en él, hasta que uno de esos monstruos se percató de su presencia y se lanzó sobre el muchacho. El filo del arma del elfo y las cuchillas del monstruo chocaron provocando un irritante sonido, una rápida flecha proveniente de uno de sus arqueros, cruzó el aire e impactó en la garganta de aquel ser.
Tras eso, Glaiss comenzó a correr y profirió un grito para llamar la atención de su viejo amigo - ¡¡Asch!! -.
El joven peliazul, al igual que los seres, miró correr al muchacho hacia ellos. Aquella distracción fue aprovechada por el príncipe de Guniver para disparar a quemaropa en la cabeza de uno de aquellos seres y mandarlo directo al infierno mientras el resto era acribillado por una lluvia de flechas.
-¿Y Tu que haces aquí? -Dijo Asch, incrédulo al verle allí y llegar de aquella manera.
-Tenía la corazonada de que te vería aquí -La actitud firme y seria que el elfo transmitía sorprendía aún más al muchacho. Mientras Asch guardaba su arma, la conocida y alegre sonrisa de Glaiss apareció en el rostro del elfo. El esperado reencuentro entre ambos que tanto ansiaba el heredero de Isgar se había producido. Pero, ¿cómo reaccionaría el humano ya que había estado ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor?
Escrito y publicado por: Asch Redfield
Co-escrito por: Gaia Lowry

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