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Y.U.R.G.S. -Epílogo-

Dos años después.
Los pasos resonaban en todo aquel desierto pasillo como si una legión de soldados estuviera dentro del castillo. La luna se alzaba en el cielo, resplandeciendo y brindando una fría luz a todo el reino. Hacía buena temperatura en el exterior, pues se acercaba el verano, a pesar de que un molesto viento se había levantado desde el anochecer y había arremetido contra la piedra del castillo. Se oyó un grito. De nuevo comenzaron los pasos nerviosos, recorriendo el pasillo mientas el silbido del aire trataba de amortiguar aquel sonido. Aquella persona estaba alterada, movía las manos continuamente y murmuraba cosas inteligibles por lo bajo, como hablando un idioma extraño para sí misma. Cinco segundos más tarde, se volvió a quedar parada frente a las puertas dobles de madera que estaban flanqueadas por dos grandes antorchas de piedra. El nerviosismo le hacía sudar más que el calor que desprendía el propio fuego. Un segundo alarido de dolor llegó hasta sus oídos.

Y.U.R.G.S. -P.10-

El encuentro que tanto había ansiado Glaiss por fin se había producido, no en las condiciones que le gustaría pero al menos sabía que su amigo estaba bien. El elfo extendió el brazo para saludarlo mientras el humano miraba extrañado la mano de su amigo, sin corresponderle ni mover un músculo.
-¿Cómo sabías que estaría aquí? ¿Qué ha pasado en Nindrez? -Asch estaba totalmente desconcertado. En un momento había perdido a la mitad de sus hombres y la otra mitad estaban heridos, salvo el hombre que había luchado con él codo con codo anteriormente. Se le veía más mayor que los herederos de Guniver y de Sorengar, incluso tenía una barba mal rasurada que le ocultaba parte del rostro. El soldado se acercó a ellos y brindó una reverencia a Glaiss, con una mano puesta en el pecho, para mostrar su respeto a los aliados elfos.
-Señor, mi nombre el Gilbert y soy uno de los guardaespaldas del futuro rey de Guniver. -Asch sonrió ligeramente y apoyó la mano sobre el hombro de su soldado como muestra de aprecio.
-De no haber tenido a este hombre a nuestro lado, no estaríamos aquí -Sus cálidas palabras eran enmascaradas por la frialdad que estaba mostrando hacia los caídos, ya que su forma de mirarles y de gesticular le delataban. Sin embargo, hizo lo propio de un general. Fue a cada uno de ellos y le susurró una pequeña oración para que su alma fuese acogida en el seno del cielo y pudiese descansar en paz. Cuando hubo honrado al último de ellos se dirigió, con el rostro serio, hacia su amigo de la infancia apretando los puños y tensando la mandíbula.
-¿Quién ha sido? ¿Quién pagará por el sufrimiento de estas diez familias? -Asch mostraba una evidente irritación mientras se acercaba a Glaiss y le cogía de los hombros para zarandearle repetidas veces- ¿¡Qué está pasando!? -.

El elfo separó las manos de su amigo con cierta brusquedad y frialdad, correspondiendo a la de Asch, y se mantuvo en silencio hasta que uno de sus soldados, que seguían por detrás suyo, habló.
-Esto, señor, es una invasión de Nindrez que necesita todo el apoyo posible de YURGS -.
El peliazul se quedó pensativo perdido en la mirada de aquel soldado elfo que había hablado, soltó lentamente los hombros de Glaiss- Así que esto solo pasa cuando yo estoy de vacaciones...
-Nindrez fue atacada por estos seres -El elfo movió con la punta de su espada uno de los brazos-cuchilla de los monstruos que había matado con total repugnancia- Por lo que sabes se han ido abriendo paso hasta el castillo. Los demás aliados hemos recibido una carta que pedía apoyo de la unión, pero fue entregada tarde y no hemos podido hacer nada. Seguramente las tropas mandadas por Guniver, Blizternova y Husmacia se encuentren dentro tratando de defender el castillo...
-¡Debemos llegar antes de que sea tarde! -Dijo el humano cortando a Glaiss. Enfundó las pistolas en las fundas ha ambos lados de su cintura. Y así, salió corriendo hacia la primera abertura que hubiese en la muralla, ansioso por ir a la guerra.
Glaiss subió de un salto a su caballo, adelantó al muchacho y le cortó el paso.- ¿Y qué piensas hacer, Asch? ¿Meterte de lleno en una batalla y dar tu vida para dejar de nuevo sola a Shenia, y a Guniver y a Husmacia sin un rey? -.
El humano, que ya estaba bastante irritando ante sus palabras, volvió a desenfundar una de sus pistolas para apuntar al rostro de su amigo, sintiendo como los elfos tensaban las cuerdas de sus arcos a su espalda.- Cállate -Alzó con decisión el arma e hizo hacia atrás el seguro, oyendo un pequeño "clic"- ¿Acaso quieres que deje a Sorengar sin heredero? Aparta de mi camino -Sin bajar el arma, bordeó a Glaiss y siguió su camino.
Este le siguió, se acercó a él y con fuerza, le agarró de la mano y tiró de él para que subiese a su montura.- Confío en tu olfato como general de Guniver, pero esto es un suicidio... -Soltó un suspiro- Os acompañaremos al campo de batalla -.
El humano se quedó en la parte de atrás del caballo sin guardar el arma, mientras su único soldado se subía al rocín de otro elfo. Asch se mantuvo serio.
-Avanza y te cubro. Sigue hacia delante hasta llegar a los refuerzos.
El rostro de Glaiss se volvió frío- Shenia te echa de menos -Comenzó a avanzar con su caballo mientras apretaba las riendas con fuerza.- Paso todos los días con ella para que la soledad no la marchite. La verdad, hemos reforzado nuestros lazos. -Glaiss sintió como su amigo se tensaba a su espalda. La ira y los celos invadieron al humano. Sintió una profunda traición en su corazón que le hizo encogerse de un pinchazo. Miró hacia la nuca de su amigo, apretando el arma.
-No me hagas arrepentirme de no haberte pegado un tiro.
El elfo miró por encima de su hombro hacia su amigo, con una ceja levantada. Chascó la lengua y miró el camino.- Asch, ¿qué tienes en mi contra? ¿Te he hecho algo? -.
El humano apartó la mirada de sus ojos, avergonzado, y apretó el puño- Siempre tú, tú y tú. -Miró con cierto odio hacia su amigo y compañero, aunque los sentimientos que tenía en ese momento no eran iguales- Salvas a todos con esa estúpida sonrisa de oreja a oreja. Salvaste a la princesa y luego me salvaste a mi, ¿y yo? Un pobre inútil que lo único que sabe hacer es poner en peligro la vida de los demás, por eso me he ido y por eso no volveré...
Glaiss paró el caballo en seco cerca de las murallas de la ciudad, ambos descendieron del caballo y se adelantaron. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos de los demás soldados, el elfo propinó un fuerte puñetazo en el pómulo de Asch haciendo que cayese al suelo.
-Pero, ¿tú te estás escuchando? ¿Y si mueres? ¿Y si Shenia enferma por la tristeza de no tenerte cerca? Ella vive por y para casarse contigo, es lo que más desea y a ti lo único que te interesa es hacerte el héroe en su presencia... -Le miró con cierto asco- Me repugnas, Asch. -Glaiss desenfundó su espada y colocó el filo contra el cuello del humano- No sabes la suerte que tienes al tener ha alguien como Shenia a tu lado, que a pesar de haberla abandonado, ella te espera y mantiene la esperanza de que algún día volverás con ella. Lo veo siempre en su mirada, trata de aparentar normalidad pero la tristeza le reconcome por dentro... -Asch se había mantenido en silencio mientras el elfo hablaba. Sus palabras no apaciguaron la ira y los celos que sentía en aquel momento, y que le hizo apartar con total desdén el filo de la espada.
Los soldados llegaron justo para contemplar la escena, a su parecer, el elfo había perdido los estribos con el humano. El príncipe de Guniver se levantó rápidamente y le devolvió el puñetazo, mandándolo directamente al suelo, para la sorpresa de Glaiss. Se limpió el golpe que había recibido mientras su mirada transmitía al elfo un desprecio y odio que nunca había visto en los ojos de alguien a quien había llegado a llamar hermano.
-¡Cállate! ¡No sabes de lo que estás hablando! Vuelve a tocarme y acabaré con tu mísera vida, desgraciado... -.
El elfo escupió sangre al suelo y se limpió con el dorso de la mano- Lo tendré en cuenta...

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